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Gabriel Moris

Cuarto aniversario de la masacre del 11-M

Hemos esperado pacientemente, aún sin éxito, a que el Estado de Derecho actuara sobre los que pensaron, ejecutaron, se beneficiaron y se benefician de los crímenes del 11 de marzo de 2004

Gabriel Moris
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Buenas noches a todos.

Muchas gracias por no olvidaros de las víctimas y brindarnos siempre vuestro apoyo.

Como podéis suponer hubiéramos preferido no estar aquí, pero por desgracia nos sobran razones para recordar lo que ocurrió cuatro años atrás y para exigir lo que en justicia nos corresponde y aún no se nos ha ofrecido.

Estamos aquí porque unos desalmados de los que aún desconocemos sus nombres perpetraron el atentado terrorista más monstruoso que se ha sufrido en la Europa Comunitaria.

Estamos aquí con intención de rendir el justo homenaje a las víctimas de aquella masacre y para que los que creamos en Dios podamos pedirles por ellas.

Estamos aquí porque cuatro años después, nuestro dolor y la ausencia de los nuestros no han pasado a formar parte de nuestra memoria histórica. Continúa y continuará siendo una realidad vivida a diario desde aquel fatídico 11 de marzo de 2004. Que a mí me conste, en ningún lugar de España existe una calle o plaza que recuerde la fecha de tan espantosa mañana. Ojalá Alcalá, que fue pionera en el sufrimiento, lo fuera también en esta iniciativa.

Estamos aquí para volver a agradecer la actitud profesional y humana de todos los que con su esfuerzo heroico ayudaron y ayudan a paliar las consecuencias del mal que nos tocó y nos toca vivir.

Estamos aquí porque los que queríamos saber la verdad mantenemos nuestra justa y digna exigencia con la misma intensidad que la que ya demostramos el día de la masacre.

Algunos se preguntarán quiénes somos y cómo vivimos las víctimas del 11-M. Hoy y aquí encontrarían a muchas. En el monumento de la Estación de Atocha figuran los nombres de los que hasta que Dios nos lleve junto a ellos apartaron para siempre de nuestro lado. Como veis, los que aún andamos por aquí somos personas de carne y hueso, igual que los que nos arrebataron, con nuestras virtudes y nuestros defectos; sin embargo, creo que nadie podrá negarnos que hemos demostrado durante estos cuatro años nuestra confianza en el Estado de Derecho; que no hemos reaccionado con odio ni aplicado la Ley del Talión ante la mayor agresión que pueda sufrir un ser humano; que hemos esperado pacientemente, aún sin éxito, a que el Estado de Derecho actuara sobre los que pensaron, ejecutaron, se beneficiaron y se benefician de los crímenes del 11 de marzo de 2004; que cuatro años después aún conservamos la calma ante la inoperancia de los que están obligados a explicarnos por qué murieron nuestros seres queridos; y que de sobra hemos demostrado que supimos soportar el silencio, el olvido, la utilización mezquina de nuestro dolor e incluso el desprecio de los que han de evitar, investigar, perseguir, juzgar, condenar y prevenir el crimen organizado.

No os he recordado lo que hemos demostrado con intención de esgrimirlo como elemento de chantaje. Lo recordé porque necesitaba compartir con vosotros lo que mi familia y yo vivimos cada día.

Si consideráis que no os he mentido y que nuestro comportamiento ante el dolor, ante la afrenta de unos terroristas y ante la respuesta inadecuada de los poderes públicos es el que os he reseñado, creo que estaréis de acuerdo conmigo en que es justo que algo podamos pedir a quienes tienen la obligación de ofrecernos lo que nos corresponde y como víctimas necesitamos: verdad, memoria digna y justicia frente al silencio, al olvido y a la utilización de nuestro dolor.

Por tanto, hoy, tanto como entonces, como siempre, como cuatro años atrás, recordamos a los que este domingo han sido elegidos diputados y senadores que no vamos a dejar de exigir la verdad hasta sus últimas consecuencias; que no vamos a renunciar a que se aplique la justicia sin ambages y sin componendas; y que no nos vamos a conformar en silencio con que los términos víctimas y atentados sirvan de arma política. Es mucho el sufrimiento que hay detrás de ellos para que se utilicen desde el desprecio y desde el partidismo interesado.

Rogamos que si, como nos dicen, realmente se quiere derrotar al terrorismo, se recupere la unidad de todos los grupos que nos representan en el Parlamento para que juntos puedan asumir el compromiso de recorrer los únicos caminos que servirían para derrotarle y que no son otros que corregir los errores y optimizar la prevención y recuperar y hacer cumplir las leyes que se han demostrado eficaces en contra de los que no dudan en asesinar a mansalva para imponernos su falta de valores.

Creo que si sus señorías fueran capaces de alcanzar lo que con tanta insistencia como escaso éxito le pedimos, España dejaría de ser el único país de Europa en el que el terrorismo marca no sólo la agenda del debate político, también el muy inquietante rumbo del que tendría que huir cualquier nación que como tal se quisiera a sí misma.

Por último, y si me permitís, quisiera compartir con todos vosotros unos versos que poco después de que asesinaran a mi hijo me envió desde Argentina un compañero de trabajo. A mí me ayudaron. Aún me ayudan a sobrevivir. Son fruto de la mente y del corazón de Quito Mariani:

En el dolor de la noche, recuerda que hay aurora
y busca en el futuro el secreto del ahora.
No llores al mirar que las flores se marchitan,
recuerda que las flores que mueren son semilla.
No dejes de estrechar con tus manos las de otros.
Rechaza la infecunda soberbia de estar solo.

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