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Gabriel Moris

El alacrán

Me cuesta entender que un alacrán del tamaño de los dinosaurios no fuera identificado previamente. Me cuesta creer que un ejemplar de dicho tamaño no haya sido reducido por un Estado que presume de ser la octava potencia mundial.

Gabriel Moris
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Los tristes acontecimientos que la vida nacional nos depara últimamente nos ayudan a recordar la fauna ibérica. Casualmente, las especies que mueven tantas opiniones en los últimos tiempos no parecen estar en peligro de extinción.

No hace mucho tiempo tuve la ocasión de descubrir un alacrán y de presenciar su muerte utilizando un insecticida y rematándolo con el clásico pisotón. Créanme que sentí complacencia al ver por primera vez en mi vida un animal que sólo conocía a través de los libros, pero al mismo tiempo, sentí pena al ver morir a un animal que sin duda desempeña alguna función en el equilibrio del mundo animal.

Durante estos días he visto compensada mi pena con la liberación de la hembra del alacrán. Esperemos que ello garantice la continuidad de esta especie tan temida por los seres humanos.

Yo quiero recordar, como es mi deber, el picotazo que un inmenso alacrán –quizá del tamaño de los dinosaurios– produjo en el corazón de la parte mas indefensa de la sociedad española. Este alacrán tuvo mejor suerte que su hembra. A pesar de su tamaño y a pesar del gran número de víctimas que causó, no ha sido visto y por lo tanto no ha podido recibir la dosis de insecticida ni el pisotón que el pobre alacrán de mi historia recibió antes de poder clavar su aguijón sobre alguna presa. Me cuesta entender que un alacrán del tamaño de los dinosaurios no fuera identificado previamente. Me cuesta creer que un ejemplar de dicho tamaño no haya sido reducido por un Estado que presume de ser la octava potencia mundial. Me cuesta creer que La Alakrana pueda concitar la atención de todos, máxime cuando el objetivo fundamental del caso se ha resuelto favorablemente. El alacrán prehistórico sigue vivo, pero aún no lo hemos podido ver a pesar de su gran tamaño. El alacrán prehistórico puede volver a causar estragos en la sociedad cuando se reponga del veneno vertido sobre los inocentes viajeros de los trenes de cercanías. El alacrán prehistórico no parece preocupar a nuestro poderoso Estado de Derecho. ¿Será por miedo o por qué otras razones será?

Ahora que la economía ocupa las primeras preocupaciones de los ciudadanos en la España que llamamos democrática sin ningún rubor, ¿podríamos cifrar y aclarar en qué partida presupuestaria se han previsto los costes para investigar, juzgar, condenar y prevenir la aniquilación del alacrán gigante que mató tantas ilusiones y que puede seguir destrozando la columna vertebral de nuestro Estado?

Seguro que existen razones para justificar la actitud de olvido y de cierre definitivo de este caso. Seguro que hay razones para que las víctimas de dicho atentado no acampemos permanentemente en algún lugar exigiendo verdad, justicia y acciones preventivas para que la historia reciente de nuestro país no permita un nuevo picotazo del alacrán, pero yo víctima del horrible crimen, no soy capaz de intuir ninguna razón medianamente lógica para mantener esta actitud por parte de esta sociedad; llevando los razonamientos al absurdo, llego a intuir las causas de esta actitud colectiva. Pero hoy no es el día de explicitarlas, hoy prefiero limitarme a hablar de alacranes.

Nos acercamos al sexto aniversario de la masacre, visitaremos el monumento a las víctimas del 11-M, iremos al Bosque del Recuerdo, antes bosque de los ausentes, algunos dirán que quieren y ayudan mucho a las víctimas, otros dirán que las víctimas sólo queremos mantener un estatus como tales...

Yo, en lo que a mí se refiere, solamente pido que los poderes del Estado cumplan con su deber y su primer deber es proteger la vida de los ciudadanos. Esto sí se ha logrado con La Alakrana.

Faltaría a la verdad si no reconociera el trabajo de muchos profesionales y ciudadanos en general que en su día trabajaron y aún trabajan por ayudar a paliar los efectos del atentado, así como algunos medios de comunicación y personas concretas de los mismos que han entregado lo mejor de sí mismos para ayudar a esclarecer lo que otros han tapado impunemente a pesar del gran tamaño del alacrán.

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