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Gabriel Moris

La deuda pendiente

Casi seis años después, exigimos a nuestro Gobierno, a la oposición, al poder judicial y al resto de los poderes del Estado, que clarifiquen, hagan justicia y adopten las medidas preventivas para evitar que se repita lo que ocurrió el 11 de marzo de 2004.

Gabriel Moris
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Durante estos días, frontera entre el nuevo año y el que finaliza, están saltando a la prensa informaciones que podrían guardar algún tipo de relación con los atentados del 11-M. El asunto más directamente relacionado responde al juicio que se sigue en el juzgado nº 41 de Madrid contra el que fuera jefe de los Tedax y la licenciada que actuó presuntamente como perito en el análisis de las veintitrés muestras de explosivos que se analizaron en la pericia que ordenó el tribunal del juicio del 11-M.

Los resultados analíticos de estas muestras procedentes de los focos de los trenes, según mi conocimiento, no generaron ningún registro ni impreso ni gráfico que mostrara de manera inequívoca los resultados analíticos de los restos del material homicida. Los testigos presentados por la defensa en dicho juicio han declarado sin ambages que las muestras recogidas por ellos y constituidas por trozos de algodón con el que realizaron frotis, restos de los cráteres formados al explosionar las mochilas que contenían explosivo y otros, fueron debidamente entregados para su análisis, siguiendo los protocolos establecidos para ello.

Otro asunto tratado en la prensa en los últimos días ha sido la negativa del Ministerio del Interior a conceder asilo político a Mohamed Haddad, al parecer personaje secundario en la matanza del 11-M.

En el secuestro sufrido en Mauritania por tres cooperantes españoles y un ciudadano francés se habla de Al Qaeda y ello ha dado pie a que en algunas tertulias radiofónicas, en las que participan periodistas de cierto prestigio, se hayan establecido relaciones con el 11-M. Yo invitaría a dichos profesionales del periodismo a que me ayudaran a entender, –a partir del juicio y de la sentencia del 11-M, y de la ratificación de la misma por el Tribunal Supremo– la implicación de Al Qaeda en dichos atentados.

Cualquier profesional del periodismo tiene a su alcance material más que suficiente para poder desterrar de su mente la certeza con que hablan de la participación de Al Qaeda en los hechos. Creo que no está de más recordar el axioma nazi: "Una mentira, repetida hasta la saciedad, termina convirtiéndose en verdad". No puedo olvidar que el hoy presidente del Gobierno y algunos medios de comunicación que hacen alarde de su credibilidad, propagaron la falacia de los terroristas suicidas como prueba del carácter islamista del atentado. A fecha de hoy no han tenido la honradez de desmentir la noticia.

Otro asunto que se ha tratado recientemente es la cita a declarar que ha hecho el juez de la Audiencia Nacional que entiende de lo relacionado con el 11-M, a unos árabes residentes en Cataluña por su presunta implicación en facilitar la salida de España a unos presuntos implicados en la masacre.

Puede que los hechos citados anteriormente no tengan gran relevancia para esclarecer el inolvidable atentado de los trenes de cercanías, pero dado el silencio institucional sobre el tema, a nosotros, las víctimas, los que pensamos que la investigación del 11-M está por realizar, nos parece que todo ello puede representar, al menos, que el 11-M no se ha logrado olvidar por completo. Es lógico, si la memoria histórica selectiva no se ha olvidado; si los moriscos expulsados hace cuatrocientos años constituyen un objeto para saldar la deuda histórica con ellos, ¿cómo vamos a olvidar la mayor masacre cometida durante nuestra etapa democrática? No. No hemos olvidado. Por tanto, no lo que no entendemos es que hayamos perdido el interés por clarificar lo que no hemos olvidado.

Hoy he leído la crónica retrospectiva de un acto que tuvo lugar en el Palacio de El Pardo en el verano del 2004. Se trataba de la entrega de medallas al mérito del trabajo a las víctimas mortales del 11-M. Dicho acto, organizado por el Ministerio de Trabajo, y presidido por los los Reyes, contó con la presencia del presidente del Gobierno y del jefe de la oposición. Eran los tiempos en que la Comisión Parlamentaria de Investigación trataba de buscar las responsabilidades políticas de los atentados. El Rey, en su discurso pidió unidad frente al terrorismo; si mal no recuerdo, no habló ni de Al Qaeda ni de ETA.

En la legislatura derivada del 11-M, ni fue posible la unidad ni se aclararon las responsabilidades políticas y penales del atentado. Actualmente, los ciudadanos de a pie creemos percibir un alto grado de unidad, quizás excesivo. Próximo al sexto aniversario de la matanza, tenemos la percepción de que el exceso de unidad está sirviendo para que no podamos llegar a conocer lo ocurrido ni política ni judicial ni policialmente. ¿Es esta la unidad que pedía el Rey a nuestro Estado de Derecho ante las víctimas condecoradas?

Casi seis años después, exigimos a nuestro Gobierno, a la oposición política representada en nuestro Parlamento, al poder judicial y al resto de los poderes que constituyen nuestro Estado, que clarifiquen, hagan justicia, y adopten las medidas preventivas para evitar que se repita lo que ocurrió el 11 de marzo de 2004, inolvidable para muchos de los ciudadanos y especialmente para las víctimas. No hace mucho, con ocasión del día de los Derechos Humanos, el presidente del Gobierno recordó con acierto que el primer derecho es el derecho a la vida, derecho que no se protegió el 11-M. Si queremos que no se vuelva a repetir lo que nos causó tanto sufrimiento, no podemos renunciar a responder a todas las preguntas que seis años después siguen sin respuesta.

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