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Gabriel Moris

La esperanza que mantenemos

Yo albergo la esperanza de, que algún día, podamos igualmente conseguir nuestros objetivos expulsando al nuevo Estado que intenta transformar una sociedad libre y democrática en otra dirigida y tutelada por él.

Gabriel Moris
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La conmemoración del 2 de mayo me ha hecho asociar los acontecimientos protagonizados por una parte del pueblo español en aquellas fechas, con la calma chicha que mantenemos –las víctimas y una buena parte del pueblo– respecto a los atentados del 11-M y a todo lo derivado de aquella manifestación de odio por parte de los ejecutores de los mismos.

La efeméride del levantamiento madrileño me trae cada año a la memoria la oda al dos de mayo de mi malogrado paisano Bernardo López:

Oigo Patria tu aflicción y escucho el triste concierto
Que forman, tocando a muerto, la campana y el cañón

Hoy actualizaría estos versos cambiando los términos de campana y cañón por las palabras Gobierno y oposición.

Soy consciente de mi falta de originalidad al afirmar, una vez más, que aquel atentado, el más siniestro de la champions league, no fue fruto ni de la improvisación ni de la casualidad ni de una falta de prevención. Si seis años y dos meses después echáramos una mirada retrospectiva a los acontecimientos anteriores a la matanza, durante el atentado y los días posteriores, así como a los seis años de "la nueva era de paz", con bastante probabilidad podríamos afirmar que encajan casi todas las piezas del puzzle.

Si retomáramos los alzamientos del 2 de mayo, podríamos establecer una analogía entre la invasión napoleónica y el cambio de régimen que propició la masacre del 11-M. El invasor ha sido reemplazado por un nuevo Estado de Derecho que admite como normal la muerte indiscriminada de 193 ciudadanos y los casi dos mil heridos oficiales. Un nuevo Estado de Derecho que admite como normales unos comicios celebrados en pleno shock del censo electoral y los desmanes protagonizados por el entonces partido mayoritario de la oposición, hoy en el poder. Un Estado de Derecho que inventa una versión de los atentados que no sostiene el análisis mas benévolo posible, que consiente la farsa de una investigación policial sesgada e incompleta, que permite el cierre en falso de la Comisión Parlamentaria de Investigación creada por él, que da por cerrado un proceso judicial con la sentencia que todos conocemos; y, por fin, un Estado de Derecho que silencia lo ocurrido, arremetiendo contra las personas y los medios de comunicación que, igual que una parte importante de la sociedad, cree que hay que seguir investigando porque lo que conocemos del atentado no es toda la verdad de lo ocurrido.

El levantamiento del 2 de mayo tuvo un feliz desenlace al conseguir la expulsión del invasor pese a la desigualdad de las fuerzas de los contendientes. Yo albergo la esperanza de, que algún día, la fe de los que reclamamos verdad y justicia sobre los atentados del 11-M podamos igualmente conseguir nuestros objetivos expulsando al nuevo Estado que intenta transformar una sociedad libre y democrática en otra dirigida y tutelada por él y encaminada a reeditar la historia que nos condujo al desastre de la guerra civil que vivió nuestro país durante la primera mitad del siglo pasado.

Aunque es cierto que nuestra pertenencia a la Europa del euro puede ser un freno a los desmanes derivados del 11-M, no debemos olvidar que una casa hay que arreglarla desde dentro para evitar que quede de manifiesto su fealdad respecto a las casas vecinas. La historia de David y Goliat se repitió en la Guerra de la Independencia ¿Por qué no podría repetirse en la España actual?

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