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Gabriel Moris

No está claro. Se mueve

No obstante, a pesar del desprecio que Zapatero y Aznar muestran por el sufrimiento ajeno, los que no nos conformamos con un relato inexistente o increíble de los hechos, insistimos en preguntar por lo que no quieren que preguntemos.

Gabriel Moris
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Cinco años y medio después del atentado terrorista contra los pacíficos y laboriosos viajeros de los trenes de cercanías, podemos y debemos recordar las palabras del político que accedió al poder tres días después del horrendo crimen: "Está todo claro. Ha sido un grupo islamista radical". Y ahí sigue.

Otro político, el que abandonó el puesto que ocupó el que lo tenía tan "claro", aseguró que a los asesinos no había que buscarlos "ni en desiertos lejanos ni en montañas remotas". Más tarde asistimos a una nefasta instrucción, a una vista pública que no la mejoró y a una sentencia de la Audiencia Nacional que no dio la razón ni a unos ni a otros. Por último, el Tribunal Supremo recordó que no se puede condenar a los que no han sido juzgados, exculpó a los que nos cuentan que desaparecieron en Leganés y confirmó la condena que culpa de la masacre a Trashorras, a Jamal Zougam y a Otman El Gnaoui.

¿Dónde quedó lo de "un grupo islamista radical"? ¿Es Trashorras islamista? ¿Lo es Otman El Gnaoui? ¿Qué fue de Al Qaeda? ¿Cómo es posible que los tedaxno vieran en los trenes la mochila que sirvió para detener tan a tiempo a Jamal Zougam? Poco le importa al presidente del Gobierno. Según él, todo está muy claro. Lástima que tanta claridad no le sirva para decirnos quién le habló de la existencia de suicidas en los trenes. Como víctima creo que tengo derecho a exigírselo.

Pero no es a Zapatero al único que podemos pedirle explicaciones y respuestas. Según declaró el entonces presidente del Gobierno, lo que ocurrió el terrible once de marzo de 2004 le interesa desde un punto de vista histórico. Sé que cuesta creerlo. Sin embargo, han leído bien. Aznar deja la verdad de la masacre que no supo evitar en manos de la Historia. En el mejor de los supuestos espera que el tiempo y otros hagan lo que no hizo su policía. Ésta, por no ir, no fue ni a desiertos lejanos ni a montañas remotas, se quedó en Lavapiés deteniendo a un centenar de sospechosos habituales de los que sólo dos junto a un asturiano fueron condenados por la masacre de Madrid.

No obstante, a pesar del desprecio que Zapatero y Aznar muestran por el sufrimiento ajeno, los que no nos conformamos con un relato inexistente o increíble de los hechos, insistimos en preguntar por lo que no quieren que preguntemos. Recientemente han sido citados a declarar sobre las irregularidades que sin lugar a dudas se cometieron con las muestras de explosivos analizadas o no el mismo 11 de marzo de 2004, Sánchez Manzano y la perito que supuestamente realizó aquel mismo día los primeros análisis sobre ¡23 muestras! El entonces responsable del Tedax no acudió a la cita que tenía con la justicia y con las víctimas que querían preguntarle por lo que nunca contestó. Desconozco los procedimientos judiciales que se han de aplicar en este caso, pero el hecho de no haberse presentado ya es un indicio del respeto que a ese señor le merecen la justicia y las víctimas.

También, gracias a una información que recientemente se ha publicado, se nos informó de que los servicios secretos franceses han informado a los españoles de que ETA amenaza al Gobierno de Zapatero con hacer público un informe sobre lo que sabe de los crímenes del 11-M. En la misma información se puede leer que los etarras no participaron en la masacre. En cualquier caso, ¿no resulta extraño que nuestra organización terrorista por excelencia –que ha guardado silencio durante cinco años y medio– se ocupe ahora de estas bagatelas?

Resucitan suicidas, zarpan cruceros, localizan a supuestos y peligrosísimos terroristas, nadie responde al descomunal "Yo acuso" del director del periódico que más investigó el 11-M, se publican libros, los etarras amenazan con revelar lo que dicen que saben, se cursan citaciones en los juzgados... Algo se mueve. Y es que seguimos sin olvidar lo que Zapatero y Aznar no quieren recordar. Ya pueden perder toda esperanza. Ni queremos ni podríamos olvidar lo inolvidable.

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