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Gabriel Moris

¿Qué ocurrió el 11-M?

Los que olvidan y guardan silencio sobre el 11-M, ¿acaso saben la verdad sobre el crimen desde su planificación hasta su ejecución? Entonces, no entiendo su actitud.

Gabriel Moris
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El día 11 se cumple el séptimo aniversario de la masacre que segó 193 vidas inocentes y cambió el curso vital de más de 2000 supervivientes. Creo que aún queda alguna víctima en estado de coma. No puedo dejar de citar a las víctimas que, sin viajar en los trenes, arrastramos de por vida la pérdida de nuestros seres queridos e incluso el impacto emocional de la matanza organizada.

Siempre que escribo sobre este tema me resulta inevitable manifestar mi agradecimiento a todas las personas e instituciones que, de cualquier forma, han trabajado por paliar los efectos de la tragedia o por contribuir a que la verdad y la justicia se abran paso en el laberinto creado para impedirlas.

En el aniversario de 2011, si prestamos atención a los medios de comunicación, en general, o a las instituciones del Estado, podemos sentir la sensación de que el 11-M fue algo que tuvo lugar en el pasado, pero sin la importancia suficiente como para incluir en la "memoria histórica". Si analizamos los comentarios sobre lo que ocurrió o las hipótesis sobre los hechos, o sobre la sentencia, e incluso sobre la verdad y la justicia pendientes, podemos encontrar respuestas de lo más variopintas que podamos imaginar; todas ellas salpicadas de intereses políticos o del desinterés general. El aspecto humanitario, el moral, el ético e incluso el aspecto de estricta justicia no forman parte de los lugares comunes en que, de pasada, se aborda este tema. Yo siento una gran tristeza cuando, con cierta frecuencia, al oír algún comentario al respecto, determinados interlocutores rehúyen hablar del tema o lo consideran "agua pasada" e imputada a unos yihadistas que no existen ni cumplen condena.

En la situación de olvido y utilización de nuestro dolor, de que somos objeto las víctimas, creo que nada sería más de nuestro agrado que el poder conocer con precisión quién o quiénes, por qué, para qué y cómo cometieron el crimen de lesa humanidad. La derivada de ello sería el ajusticiar a todos los actores. En los atentados de los trenes de cercanías hay además un añadido a la parte nuclear: los que, después del atentado, impidieron y siguen impidiendo la investigación y por ende todo atisbo de conocimiento de la verdad.

La competencia exclusiva de la investigación la tienen los poderes Ejecutivo y Judicial. No me consta que de forma autónoma o colegiada existan acciones en curso para aclarar plenamente tanto los atentados como la actuación subsiguiente durante las dos legislaturas derivadas del 11-M. ¿Piensan que con una sentencia, sin autores, está saldado el crimen más horroroso de España y de Europa? ¿Quién puede temer a que la verdad del 11-M se conozca plenamente? Supongo que sólo los autores tienen interés en el encubrimiento de los hechos. El Estado, por el contrario, además del deber de descubrir y castigar a todos los culpables, por acción u omisión, adquirió voluntariamente el compromiso de respetar y hacer cumplir la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El derecho a la vida, mancillado y no defendido el 11-M, creo que es la gran deuda pendiente del mismo para con las víctimas.

Puede resultar esclarecedor para los razonamientos anteriores el citar algunos hechos probados ocurridos entre la fatídica fecha y el séptimo aniversario:

  • La desaparición inmediata de los vagones explosionados. Ello debe ser objeto de investigación y castigo según la ley.
  • Las ropas de los fallecidos, buena muestra para la investigación del crimen, fueron incineradas en la planta de Valdemingómez sin autorización de los familiares.
  • Las amenazas de colocación de artefactos en Alcalá de Henares, al aparecer la Kangoo, ni se publicaron ni se investigaron. Igual podemos decir de los hechos de Leganés.
  • La querella presentada por la Asociación de Ayuda a Víctimas del 11-M contra Sánchez Manzano, está paralizada desde el año pasado. Interior es responsable de aportar la información requerida por la juez que instruye el caso. Curiosamente el actual titular de Interior exigía conocer la verdad de los hechos el 13-03-2004.
  • Siete años después sólo hay un condenado por su presencia en los trenes.
  • Evidentemente parece incompleta la lista de autores materiales.

Los mal llamados autores intelectuales están pendientes de investigación. Nada se sabe de, al menos, tres de los supuestos huidos, que, según la propia versión, participaron en el 11M. ¿Cómo es posible que nadie informe de las acciones para encontrarlos? Por citar sólo un ejemplo: ¿Qué fue de Said Berraj?

Creo que los ejemplos citados, incompletos, pueden ilustrar el contenido de la reflexión.

Alguien podrá rebatir mis observaciones en estas fechas tan tristes para nosotros y para muchas personas de ley, pero, como siempre, acepto cualquier verdad probada que pueda mitigar nuestro dolor. Reto, desde este medio, a cualquier representante de nuestro Estado de Derecho a que me demuestre que el 11-M es un caso instruido total y correctamente, juzgado íntegramente y con sentencia que explique plenamente un crimen de tal magnitud y de tan graves consecuencias.

Permítanme dos preguntas para terminar mis reflexiones.

Los que olvidan y guardan silencio sobre el 11-M, ¿acaso saben la verdad sobre el crimen desde su planificación hasta su ejecución? Entonces, no entiendo su actitud.

Sin la masacre del 11-M, ¿tendríamos en el 2011 la España que tenemos? Los monumentos, las medallas, las ayudas... sin Verdad y Justicia, son objetos de conmiseración hacia las víctimas, cuando no elementos de mercadotecnia a cambio del silencio.

Las víctimas y las personas de bien seguro que seríamos menos infelices si llegáramos a conocer lo ocurrido. Al menos yo lo creo así.

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