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Trece explosiones en busca de autores

Si España entera no se une para esclarecer el golpe más sangriento de nuestra reciente historia, ¿qué credibilidad podemos tener ante el mundo?

Gabriel Moris
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"Haz lo necesario para lograr tu más ardiente deseo, y acabarás lográndolo" (Ludwig van Beethoven).

Sinceramente, me apetece –física, mental y afectivamente– entrar en un estado de permanente silencio interior y exterior, como si mi vida terrena estuviera en hibernación. Frente a este deseo, ciertamente cómodo e inútil, siento una fuerza interior, más serena pero mucho más enérgica que nunca, que me empuja a hacer todo lo humanamente posible por conseguir la verdad y la justicia que desde aquel 11 de marzo se nos roba desde todas las instancias del mal llamado Estado de Derecho.

La recomendación del gran maestro de Bonn me anima a perseverar en la acción para desvelar la Verdad y la Justicia pendientes. Algunos creemos que ambas guardan una estrecha relación con un niño nacido en Belén hace ahora dos mil doce años.

Recientemente hemos podido conocer un descubrimiento sobre la muerte del general Prim. Según las investigaciones, no fueron las heridas que recibió la causa de su muerte, sino que murió por estrangulamiento. Este descubrimiento científico puede cambiar la autoría real de dicho magnicidio. Sea como fuere, dicho hallazgo ha inducido a algunas personas a comparar el asesinato de Prim con los atentados de los trenes de Cercanías. Yo creo que ambos hechos tienen en común, al menos, su objetivo: dar un golpe de estado para cambiar el orden establecido. En el caso del 11-M, el tiempo transcurrido puede ser un factor favorable para la investigación. Presenta, en cambio, un gran obstáculo: el firme propósito de todas las instituciones del Estado de no investigarlo. En este asunto, todas las formaciones políticas están de acuerdo (gobierno y oposición, parlamentarios, poder judicial, gobiernos autonómicos, la gran mayoría de los medios de comunicación etc.). Resulta inconcebible e inexplicable que, teniéndose como mandato institucional la lucha contra el crimen organizado, se cierren filas de facto para impedirla. Como en el caso Faisán pero con doscientos asesinatos y miles de heridos. Curiosamente, son los mismos actores los que, desde aquel día, conducen España hacia el abismo en todos los órdenes de nuestra vida en común. Nada ni nadie puede justificar la actitud que mantienen todos los poderes del Estado: dan por bueno y suficiente lo poco y mal investigado, la incalificable instrucción y la incompleta y discutible sentencia; hay una oposición frontal a toda investigación policial y judicial, antes y a raíz de la sentencia. Ello se refleja en frases como "Está todo claro", "El 11-M es un caso cerrado", "El 11-M es cosa juzgada y sentenciada", "El foco de Santa Eugenia lo guarda su dueño"... Y con estas frases dan por cumplimentado el deber de todos y cada uno de los representantes del Estado de proteger la vida de los ciudadanos y de perseguir y ajusticiar a los delincuentes. Con el agravante de que todos prometieron o juraron cumplir los deberes que libremente asumieron.

En el terreno judicial hay tres asuntos pendientes: 1) el recurso de casación ante el Tribunal Supremo contra el exjefe de los Tedax y la perito tedax; 2) el interrogatorio –de la juez Belén Sánchez de la Audiencia Provincial de Madrid– al único condenado por haber sido identificado en los trenes, a su madre, a su hermana y a su hermano, así como al cónsul general de Rumanía en España en 2004; 3) buscar destino al único foco de explosión, aparecido milagrosamente, con el concurso de Libertad Digital, el pasado mes de febrero.

Esperamos con impaciencia verificar si la Justicia empieza a actuar con imparcialidad y se van eliminando las trabas para esclarecer algunos de los hechos del golpe de estado que nos cambió el destino como pueblo.

Si España entera no se une para esclarecer y hacer justicia sobre el golpe más sangriento de nuestra reciente historia, ¿qué credibilidad podemos tener ante Europa y ante el mundo? ¿Apelaremos a los hombres de negro de la Policía y la Justicia?

Creo innecesario recordar que colocaron trece artefactos y aún no conocemos a los autores materiales ni a los mal llamados "intelectuales". 

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