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Gabriela Calderón

Demasiado arroz y poco azúcar

Se protege a familias que dependen del precio del arroz a expensas de los consumidores que ahora pagarán un precio artificialmente más alto por este alimento. Nótese el absurdo de considerar la abundancia de un producto como un problema que nos empobrece.

Gabriela Calderón
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Lo que está sucediendo con el arroz y el azúcar es culpa de autoridades que piensan que tienen el poder de manipular el mercado con decretos. El sistema de precios es la manera en que los productores y consumidores coordinan sus comportamientos. Si se controlan los precios, distorsionando la información que estos transmiten, solamente se produce escasez y mercados negros.

En 2008 el problema era que el precio del arroz a nivel mundial había subido. Los arroceros ecuatorianos habían desarrollado suficiente capacidad de producción como apara abastecer la demanda local y exportar el excedente a Colombia. Pero al Gobierno le preocupaba que el precio del arroz subiese en el mercado local e impuso un control de precio (una banda de 24-28 dólares). Además, prohibió las exportaciones de arroz a menos que el exportador fuera el Estado. Los arroceros no pudieron vender en el exterior el quintal a 45 dólares sino que tuvieron que vendérselo al Estado a 28.

El Gobierno, por supuesto, si se permitió vender el arroz a un precio por encima de la banda de precio que le impuso a los productores: le vendió a Venezuela el quintal de arroz en más de 36 dólares. La diferencia se la quedó el Estado.

¿Qué pasó desde 2008 con el arroz? Los mismos arroceros que hace casi dos años pedían que se liberara el precio del arroz cuando estaba alto, ahora le piden al Gobierno que lo controle porque está a la baja. De esta manera se protege a familias que dependen del precio del arroz a expensas de los consumidores que ahora pagarán un precio artificialmente más alto por este alimento. Nótese el absurdo de considerar la abundancia de un producto como un problema que nos empobrece.

Ahora consideremos el caso del azúcar. Ecuador hasta hace poco solía tener un azúcar tan caro que afectaba las industrias de dulces, snacks y confiterías. Esto era porque el Gobierno protegía a los cultivadores de caña del país a costa de todos los ecuatorianos que teníamos que consumir un azúcar artificialmente caro y productos a base de azúcar también más caros. Ahora el problema es al revés, Ecuador tiene un precio alto debido a la escasez de azúcar y el Gobierno está buscando proteger a los consumidores manteniendo el precio artificialmente bajo mediante "acuerdos" con los principales productores del país.

Y así se gastan recursos del Estado (de todos) para proteger a los arroceros y al mismo tiempo a los consumidores de azúcar, en el primer caso manteniendo el precio artificialmente alto y en el segundo caso manteniéndolo artificialmente bajo. Ambos gastos son insostenibles y no podrán revertir la tendencia mundial en el precio de estos productos.

Ya verán cómo se escapa más azúcar por las fronteras y cómo gastemos más para subsidiar a los arroceros incluso si hay que tirar el exceso de arroz al mar. También cómo más policías andarán persiguiendo sacos de azúcar en lugar de criminales en un intento fútil de ir en contra de las fuerzas del mercado.

© El Cato

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Gabriela Calderón, editora de elcato.org y columnista de El Universo (Ecuador).

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