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Gabriela Calderón

Disparate del siglo XXI

En el sistema de Dieterich, una fórmula para determinar el valor de una hora de trabajo fija en gran parte lo que costará cada producto o servicio. Es decir, se ignorarían por completo las preferencias de cada persona. ¿Es eso democratizar los precios?

Gabriela Calderón
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Fue recientemente cuando el presidente ecuatoriano Rafael Correa por fin nos dio una definición del tan cacareado socialismo del siglo XXI: "una derrota social del neoliberalismo". Añadió que se trata de un proceso en construcción y que se diferencia del socialismo del siglo XX en que no incita a lucha de clases.

Resulta inconsistente decir que no se busca provocar una lucha de clases mientras diariamente se lanzan ataques verbales a distintos sectores de la sociedad ecuatoriana: los adinerados, los banqueros y la prensa corrupta, entre otros. Sin embargo, hablemos de lo que significa para uno de sus principales exponentes, el sociólogo Heinz Dieterich, autor del libro El socialismo del siglo XXI.

Llama particularmente la atención lo que Dieterich considera ser la única forma de realizar la transición de una economía capitalista a la socialista del siglo XXI: "la sustitución del sistema de precio-mercado por el cálculo en valores, y el intercambio de valores iguales". Esto significa que un producto o servicio valdrá el tiempo que se requirió para producirlo. Además, dispone que los intercambios solo se realicen por productos o servicios del mismo valor (en tiempo).

Un vaso de agua no vale lo mismo en el desierto que en la ciudad. Las distintas circunstancias pueden afectar el precio hacia arriba o hacia abajo de cualquier producto o servicio y esto se debe a que el valor es subjetivo. También es subjetivo porque cada cosa tiene un valor distinto para cada persona, por razones que no necesariamente son objetivas. Dieterich descalifica esa teoría del valor subjetivo, simplemente por ser "burguesa".

En una sociedad libre, las miles de millones de transacciones realizadas por las personas determinan de la manera más democrática posible los productos y servicios que quieren. En el sistema propuesto por Dieterich, una fórmula para determinar el valor de una hora de trabajo fija en gran parte lo que costará cada producto o servicio. Es decir, se ignorarían por completo las preferencias de cada persona. ¿Es eso democratizar los precios de una economía?

Además, si le van a pagar de acuerdo a cuánto tarda  en producir su servicio, pues demórese todo lo posible que así se hará rico bajo el socialismo del siglo XXI.

Mientras que uno de los gobiernos más socialistas del siglo XXI intenta realizar tan descabellados experimentos en Venezuela, en su participación en el mercado internacional el Gobierno de Hugo Chávez no solo está de acuerdo con el sistema de precios para el intercambio de mercancías como el petróleo, sino que se aprovecha de lo que Marx llamó "precios monopolísticos", fijados por el cártel de la OPEP.

Si Venezuela es el norte del socialismo del siglo XXI, mejor nos vamos al sur, hacia Chile. En el primer quinquenio del Gobierno chavista (1999-2004), la pobreza en Venezuela aumentó de 42,8% a 53% de la población, según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas de Venezuela. En 2004, Chávez decidió cambiar la metodología para medir la pobreza, la cual ahora, misteriosamente, muestra un descenso. Pero la investigación independiente del Proyecto Pobreza de la Universidad Católica Andrés Bello coloca la pobreza por encima del 55% de la población.

Chile, por el contrario, entre 1990 y 2006 redujo la pobreza del 40% de la población a menos del 15% y desde 2003 la pobreza extrema se redujo en un tercio, sin recurrir a los disparates del socialismo del siglo XXI.

© El Cato

Gabriela Calderón, editora de elcato.org y columnista de El Universo (Ecuador).

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