Menú
GEES

Afganistán, indispensable

Pero una vez metidos en harina hay que llegar al final. El cáncer que el país padecía se ha mostrado contumaz y hay que seguir raspándolo, así que la operación prosigue

GEES
0
Puede resultarnos cómico, pero los afganos, dicen los tres o cuatro especialistas de turno, se sienten situados en el exacto centro del mundo. La gran mayoría de los españoles no acertarían a localizarlos en un mapa. Un país sin acceso al mar, lleno de enormes montañas en su inmensa mayoría peladas y de desiertos igualmente estériles, donde la única producción de cierta importancia es la amapola opiácea, poblado por una multitud de etnias a cada cual, para nosotros, más exótica, que hablan idiomas de familias lingüísticas muy distantes entre sí, y viven en pura organización tribal. Y lleno de feroces señores de la guerra con sus ejércitos privados. Más que el centro, es el mismísimo trasero del mundo. Y allí han ido a morir nuestros hombres.
 
En concreto, ¿para qué? Desde luego para ayudarles a salir adelante, porque lo necesitan desesperadamente. ¿No hay otros sitios que lo necesiten también? Sin duda, pero por qué no éste. Ya hay montado un esfuerzo internacional, ¿a cuento de qué escaquearse? Además, a modo de disculpa para la inhibición es de un cuentista que tumba. Es como lo de los otros dictadores iguales a Sadam... a los que también hubiéramos dejado asesinando en paz. Pero además, no, Sadam era peor y Afganistán también. En sus campos de entrenamiento, que con tanto acierto regentaba Bin Laden, se graduaron en terrorismo entre 20.000 y 50.000 aplicados guerreros santos.
 
Alguno que otro sigue trabajando el tema, pero la inmensa mayoría ¿dónde están? Los que se afanan en la cosa de la muerte y la masacre en tierras más cercanas, Atocha, por ejemplo, vamos viendo que son pipiolos aficionados que acaban de lanzarse al ruedo. ¿Qué sería del mundo con ese ejército de masters egresados de las mejores academias del ramo metidos en el tajo de lo suyo hasta el occipucio. Parece que los chicos de Rumsfeld los convencieron de que mejor cambiaban de oficio y se iban con viento fresco. La cosa, llamada “operación libertad duradera”, decididamente valió la pena. Además hasta tenía las bendiciones de la ONU, es decir, a Francia, Rusia y China les pareció políticamente rentable no oponerse. ¡Qué más se puede pedir! Eso acalla la más escrupulosa conciencia progre.
 
Pero una vez metidos en harina hay que llegar al final. El cáncer que el país padecía se ha mostrado contumaz y hay que seguir raspándolo, así que la operación prosigue. Alrededor de 18 mil hombres –de ambos sexos, claro– siguen rastreando las inhóspitas montañas del Sur y el Este, junto a la frontera con Pakistán. En su mayoría americanos, con la consabida ayuda de otros anglosajones, pero también franceses, porque los gabachos o no dejan hacer o quieren estar en el cotarro. No hay semana que no se cobre alguna vida. Pero nada de eso nos concierne directamente. Los que cazan agresivos talibanes y sanguinarios terroristas para mayor tranquilidad del entero mundo están en misión de combate por cuenta de sus países, aunque con un par de resoluciones de lo de Kofi Annan.
 
Nuestros militares están en una fuerza de Naciones Unidas, que puesto que no la tiene propia es, como en todas las ocasiones, prestada. Esta vez es la OTAN quien organiza y dirige la ISAF –Fuerza Internacional de Ayuda para la Seguridad– con participación de muchos países ajenos a la Alianza. Se trata de proporcionar seguridad, sin la cual es imposible la reconstrucción material y la consolidación política del país. No puede dejar de ser chocante tratar de promover la democracia en una sociedad que por sus muchas pervivencias del pasado nos parece casi tan remota en el tiempo como en el espacio. Pero la alternativa es el 11-S.
 
Mucho se ha hecho y mucho queda por hacer. En octubre del pasado año las gentes de ese infortunado país se mostraron acreedoras del esfuerzo en ellas realizado. Bajo amenazas de muerte y teniendo en infinidad de ocasiones que arrostrar obstáculos físicos que hubieran dejado en su poltrona al más pintado demócrata occidental, acudieron orgullosamente a depositar su voto para elegir un presidente. Ahora lo volverán a hacer para dotarse de una Asamblea. En los 11 meses largos que habrán transcurrido el progreso ha ido paso a paso, no se han transformado en Jauja. Volver a votar es igual de difícil y arriesgado, con el agravante de que han podido comprobar que la democracia no hace milagros y que la ayuda internacional, hasta que no hay catástrofes inminentes, llega con cuentagotas.
 
A nuestros soldados, que les recuerdan que no se les ha olvidado del todo y se esfuerzan con peligro para sus vidas en allanarles el camino en lo que pueden, poniendo así muy lejos la barrera de nuestra propia seguridad, un inmenso agradecimiento.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

En Internacional

    Lo más popular

    0
    comentarios

    Servicios