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Alerta en Afganistán

La única forma de salir de esta guerra justa y avalada por Naciones Unidas es ganándola. Sólo EEUU, Reino Unido, Canadá y Holanda se mantienen en la primera línea de combate. Entre los restantes algunos se ha negado silenciosamente a mandar más soldados.

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Hace cinco años los miembros de la OTAN invocaban por primera vez en la historia el Artículo V del Tratado de Washington: Un ataque armado contra uno o más de los aliados en Europa o Norteamérica será considerado un ataque contra todos ellos. Era un 12 de septiembre, un día después de los trágicos atentados de Nueva York. Pero ya lo dijo Bush: el 11 de septiembre fue para ellos simplemente un mal día, para nosotros fue un cambio de actitud. Así, cinco años después, los aliados han abandonado nuevamente a Estados Unidos –y a Occidente– en el primer frente contra el terror. La llamada a los aliados del Comandante Supremo Aliado para Europa, general James L. Jones, para que cumplan con sus compromisos adquiridos para la expansión de la ISAF en Afganistán ha caído en saco roto.

Era de esperar. El principal drama de la Alianza son los propios aliados: no comparten valores ni intereses, no tienen la misma visión estratégica ante las amenazas, y por supuesto no tienen la misma voluntad. Así que cuando las tropas de la OTAN asumieron el control de la misión en Afganistán se vaticinó un recrudecimiento de la ofensiva talibán ante la temida debilidad de la Alianza, y así ha sido.

La única forma de salir de esta guerra justa y avalada por Naciones Unidas es ganándola. Sólo EEUU, Reino Unido, Canadá y Holanda se mantienen en la primera línea de combate. Entre los restantes algunos se ha negado silenciosamente a mandar más soldados. Otros, como Francia, se han excusado por sus compromisos asumidos en tierras libanesas. Y eso que sus servicios secretos han advertido del alarmante aumento de los combatientes extranjeros que llegan a Afganistán para morir como suicidas.

La paz democrática tan aireada por la izquierda europea depende también de la defensa y protección de las democracias ya existentes. Y en Afganistán se trata de protegernos a nosotros mismos, defendiéndonos no del imperialismo americano como proclama más de uno, sino del imperialismo fundamentalista.

Luchar contra el terrorismo es atacarle allí donde se encuentre y el principal frente está ahora en las oscuras e inhóspitas tierras afganas. Pero la OTAN es incapaz de imponerse, no sólo a los talibanes, sino a los propios aliados. Los Estados europeos siguen sin querer oír hablar de más tropas, más guerras, más sangre o más bajas. Cabe preguntarse como reaccionarán ante las últimas amenazas de al-Zahawiri contra las tropas de la ONU desplegadas en Líbano. A lo mejor algunos están pensando ya en retirarse. Que Dios les pille confesados.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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