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Alfredo "el blando"

¿Cabe mayor escándalo que el hecho de que ETA considere bueno para la banda el nombramiento de un ministro de Interior español?

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Lo hemos dicho aquí en varias ocasiones: Zapatero nombró a Rubalcaba ministro del Interior para que gestionara la parte final de la negociación con ETA, la relativa al cumplimiento de los compromisos adquiridos por ambas partes antes de la primavera de 2006. Así, Rubalcaba se convertía en el fontanero de lujo de la paz sucia de Zapatero, gestionando los recursos del Estado en la lucha antiterrorista para evitar que los contactos que los socialistas llevaban avanzados con ETA pudiesen interferir.

Durante tiempo, los sindicatos policiales denunciaron que las órdenes que salían del Ministerio buscaban entorpecer la detención de etarras. Pero fue el caso Faisán el que demostró hasta qué punto había llegado el Gobierno en su obsesión por congraciarse con ETA y buscar agradar a la banda. Lo malo es que lo que sabemos del caso Faisán es lo menos malo de lo que no sabemos. Ahora, el escándalo ha subido un peldaño más, revelando detalles que afectan a la legitimidad misma del Ejecutivo.

De la información del diario ABC se deducen dos cosas. La primera, que parte de ETA considera que el nombramiento de Rubalcaba fue pactado por Zapatero y la cúpula de la banda criminal. En otras circunstancias hubiese resultado inverosímil, pero también resultaba inverosímil que el Gobierno llevara tiempo dialogando con la banda, que lo hiciese mientras firmaba el Pacto por las Libertades, que negociara con ETA la redacción de la declaración de Zapatero del 29 de junio en el Congreso o que siguiera negociando después del doble crimen de la T4; hoy nadie duda de ninguna de esas cosas. Preferimos no dar crédito a la palabra de los terroristas –pese a que en otras ocasiones se ha demostrado veraz–, porque de ser así, estaríamos ante un Gobierno ilegítimo cuyos responsables deberían pasar por e juzgado.

Pero más allá de la incógnita de si el nombramiento de Rubalcaba fue negociado o contó con el visto bueno de ETA, está en segundo lugar el hecho de que la banda lo consideró una buena noticia. "Ése, ése ya sabes que es blando", le dice un etarra a otro; y a continuación dice el etarra sobre el nombramiento de Rubalcaba: "eso es bueno, tú". El nombramiento de Rubalcaba anima a los etarras, que dan saltos de alegría: "esto va adelante, va adelante". En cincuenta años de actividad criminal es la primera vez que ETA se ha alegrado del nombramiento de un ministro que supuestamente se iba a dedicar a perseguirle, ¿por qué?

O dicho en otros términos: ¿cabe mayor escándalo que el hecho de que ETA considere bueno para la banda el nombramiento de un ministro de Interior español? Sí, claro; que posteriormente desde su Ministerio de Interior se avise a la banda de que su aparato de extorsión va a ser detenido. Por separado, ambas noticias suponen ya un escándalo mayúsculo. Pero juntas van más allá, y apuntan a la posibilidad de un Gobierno ilegítimo y probablemente ilegal, al estar mezclado tanto en su origen como en su acción de Gobierno, con la asesina banda. El mayor error de Zapatero, el que está arrastrando a Rubalcaba, a su partido y al gobierno, es creer que se podría negociar con ETA sin destrozar el Estado de derecho. Alfredo "el blando" es quien primero lo está pagando. Empezó siendo blando para la banda y ahora está ya políticamente reblandecido, como demuestran su desorientación en las preguntas parlamentarias.

Hasta ahora, la posición de Rubalcaba era ya insostenible políticamente –debido a la connivencia de miembros destacados de su ministerio con ETA– y jurídicamente delicada, si se demuestra que él formaba parte de la conspiración para ayudar a ETA. A estas alturas de febrero su horizonte sólo puede ser la dimisión, y después quizá la cárcel. Pero conforme van conociéndose más detalles de los tratos del Gobierno con ETA, la sospecha y el cerco sobre Rubalcaba se estrechan, porque todos los dedos, incluso los de ETA, le señalan a él. Que ETA se felicitase por su nombramiento, y que para los asesinos fuese Rubalcaba "el blando", muestra, no sólo el contraste dramático con los Mayor Oreja, Acebes o Rajoy, sino el grado de deterioro que sufre el ministro cada día.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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