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Algunas tendencias estratégicas

El Estado continuará aumentando su presencia en todos los niveles de nuestras vidas. El asalto al mercado es inevitable en la medida en que las entidades financieras seguirán en cuestión.

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Identificar las tendencias que darán forma a nuestro futuro es de suma importancia. Un error de cálculo estratégico y las consecuencias las estaremos pagando durante años. No es una tarea sencilla y la aceleración del mundo actual, así como la interdependencia de muchos factores, tiende a oscurecer lo importante en un mar de datos irrelevantes. En todo caso, éstas son las líneas básicas que afectarán a nuestras vidas durante el 2011 y más allá:

  1. La crisis económica se agudizará y no sólo en España donde eso se da ya por descontado. La economía norteamericana no acabará de despegar y las tensiones en la Eurozona amenazarán la estabilidad del euro y la cohesión de los miembros de la UE. Las consecuencias estratégicas de la crisis serán de capital importancia y quien más tiempo viva en crisis peor situado estará al final de la misma.
  2. La erosión de Occidente también se acentuará. Las divergencias entre ambas orillas del Atlántico serán cada vez más patentes tanto en términos de lidiar con la crisis, como en la definición de los intereses estratégicos, zonas de atención y, sobre todo, de los valores esenciales de cada sociedad. Esta separación se verá acentuada a su vez por la propia crisis europea donde se verán divergencias muy acentuadas entre los países del Este de Europa y los más occidentales, y dentro de éstos, entre los del norte y los Mediterráneos, así como entre los geográficamente centrales y los periféricos.
  3. El auge del islam radical proseguirá, tanto en suelo musulmán, donde los radicales desplazarán a los escasos moderados que se atreven a habla, como en suelo occidental, donde la emigración de origen musulmán se volverá más atrevida en sus demandas y en su reivindicación de comportarse bajo su propia ley, separada de la población general.
  4. El terrorismo jihadista continuará golpeando, con el agravante de que no sólo se tratará de elementos vinculados a Al Qaeda –quienes siguen en su búsqueda de un mega-atentado–, sino, sobre todo, a causa de individuos pobremente formados pero muy motivados, que actuarán sin necesidad de una gran infraestructura y apenas sin contactos, por lo que su detección será mucho más complicada.
  5. La globalización seguirá frenándose, entre otras cosas debido al levantamiento de barreras y medidas proteccionistas por parte de los gobiernos. Igualmente, la amenaza terrorista sobre el transporte afectará negativamente a la libre circulación de bienes y personas. El hecho de que los movimientos de capital también serán más complicados y escasos, llevará a un encogimiento del comercio mundial y, por ende, de la globalización.
  6. Norteamérica proseguirá en su retraimiento global. Bien por la voluntad de su actual presidente, bien por el agotamiento de una política exterior excesivamente costosa, demócratas, republicanos y teapartianos aspiran a una menor presencia estadounidense en el globo, al menos en tanto que gendarme mundial. Este retraimiento, de momento, no se verá sustituido por ninguna otra potencia, sino que dará lugar a una regionalización del planeta que se reconfigurará en unos pocos bloques.
  7. El Estado continuará aumentando su presencia en todos los niveles de nuestras vidas. El asalto al mercado es inevitable en la medida en que las entidades financieras seguirán en cuestión a la vez que toda una corriente ideológica que culpa al libre mercado de la crisis seguirá alimentando la ilusión de que la regulación es la única alternativa. Una mayor presencia pública en la economía tendrá como corolario una mayor injerencia del estado en otras esferas de nuestra vida, que se verá crecientemente regulada, sufriendo el nivel de libertad individual al que estábamos acostumbrados.
  8. La democracia liberal continuará siendo retada por otros modelos políticos. Netamente por el populismo en América Latina, el totalitarismo en China, la mafiocracia en Rusia y el autoritarismo por doquier.
  9. La estabilidad internacional se verá continuamente puesta en cuestión. La debilidad occidental y de las instituciones multilaterales contribuirá sin duda a ello, pero otras tendencias como la proliferación de armas de destrucción masiva, en particular nucleares, la persistencia de conflictos, como el de Afganistán, o el auge de la guerrilla global islamista, harán de este mundo un lugar cada vez más ingobernable.

No por conocidas estas tendencias serán menos relevantes. Al contrario, pueden que acaben teniendo su influencia sin apenas darnos cuenta, cuando ya estemos metidos en un callejón sin posible salida. El 2010 ha sido un año malo, pero nada como lo que se nos avecina este 2011 y, si no actuamos a tiempo, los siguientes por venir.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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