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Alianza de barbarismos

Por mucho que le duela al permanentemente feliz presidente de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, no existe nada que se le parezca a una alianza de civilizaciones

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Por mucho que le duela al permanentemente feliz presidente de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, no existe nada que se le parezca a una alianza de civilizaciones. Cuando Jatamí avanzó la idea, hará ahora un par de años, nada se pudo concretar, ni siquiera un diálogo entre los posibles integrantes de una tal alianza; ahora que la propone Zapatero, el anti líder internacional, seguro que tampoco saldrá nada más allá de la expresión vacía y sin contenido.
 
Lo que sí se está produciendo, y a pasos bien raudos, es la alianza de los bárbaros. Precisamente esos con los que Zapatero quiere sentarse a la mesa. Zapatero cree que las horribles decapitaciones que se suceden sin compasión en Irak sobre víctimas inocentes, son un mensaje de terror y miedo, destinado a hacer recapacitar a los países de la coalición internacional y forzar su abandono del Irak post-Saddam. Es normal que intente justificar por todos los medios lo que él hizo al respecto. Pero se equivoca.
 
Como ha puesto de relieve el experto en terrorismo islámico Michael Ledeen, lo importante de las decapitaciones no tiene nada que ver con el macabro ritual ni con el supuesto mensaje a nuestras sociedades. Bien al contrario, se decapita a occidentales para que las grabaciones de esos crímenes sean retransmitidas esencialmente en el mundo árabe y musulmán gracias a la ayuda de televisiones como Al Jazeera. El público no somos nosotros, sino aquellos que son potencialmente fuente de captación del terrorismo islámico. Baste recordar la ingente cantidad de vídeos de miembros del GIA argelino, por citar un ejemplo, incautados en España y resto de Europa mostrando inmisericordes ejecuciones de militares y civiles argelinos. Esos vídeos se utilizaban en cónclaves clandestinos como material de identificación y para formar cultura de grupo. Ahora, el terrorismo islámico se ha vuelto más capaz y, además del mano a mano,  cuanta con las parabólicas de todo el mundo para sus propósitos.
 
Pero esa es la realidad subyacente a buena parte de una de esas supuestas civilizaciones a las que quiere encadenarse Zapatero. El actual Gobierno español, en su obsesión de sólo hacer lo contrario de Aznar, ha desdeñado la única esperanza para un diálogo futuro entre culturas, religiones y civilizaciones, la llamada Iniciativa por el Gran Oriente Medio, auspiciada por el presidente americano George W. Bush. ¿En qué interlocutores estaría pensando el presidente español? ¿En los ayatolás de Teherán? ¿En los líderes del partido Baaz sirio? ¿En la corrupta familia real saudí? Lo más seguro es que no pensara en nadie, simplemente porque este gobierno parece carecer de pensamiento.

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