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Alianza de tiranías

Es una catástrofe, sí, pero moderada por la incompetencia.

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A unos meses vista de la presidencia española de la UE conviene preguntarse cuánto pesa España en el mundo. La respuesta es que mucho menos que en 2004. La España de ZP es irrelevante en el mundo. Pero hay una zona en donde los acontecimientos planetarios del Gobierno, se quiera o no, tienen relevancia. Para mal.

España que, no es ocioso recordarlo, descubrió America, la evangelizó y le enseñó el español, tiene una especial responsabilidad hacia los que hace no mucho eran de ultramar, pero españoles. La última calamidad zapateril la constituye la expulsión de los soldados hondureños incluidos en el contingente de España en la misión de la ONU para el Líbano. Podría pensarse que los hondureños estaban hartos de tener que mirar hacia otro lado mientras se rearmaba Hezbolá (40.000 misiles almacenados, según el Times. ¡Menuda operación de paz!), pero en verdad no habían llegado al terreno de operaciones todavía, y se estaban entrenando en Córdoba. El desprecio gubernamental, y onusino, a una nación que está intentando evitar la expansión del chavismo resulta significativo.

Tenemos una extraña solidaridad con un régimen, el del socialismo del siglo XXI, que no por conocido resulta menos espeluznante. La afrenta a Honduras viene precedida de dos hechos.

Primero. Hace nada Moratinos apoyaba al gorila rojo en la aniquilación de la libertad de expresión en Venezuela mientras ratificaba nuestro encogimiento de hombros ante el tráfico de droga que transita hacia España. Segundo; poco después la alianza antisocial conocida como ALBA, engendrada por el tirano venezolano, se lamentaba en Quito de la decisión de Colombia de pedir la colaboración con Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico.

 

El programa imperial de Chávez que ZP hace como que no ve, está en marcha y funciona. Este Eje, iniciado con Cuba, cuenta ahora con Nicaragua, Bolivia, Ecuador, varias islas del Caribe, y el apoyo ocasional de Paraguay y Argentina. El mecanismo es sencillo y escasamente novedoso en la historia: la implantación de la dictadura por medios aparentemente democráticos. A través de una suculenta combinación de dudosas elecciones, un referéndum extraordinario por acá y un cambio constitucional amañado por allá, Chávez ha preparado un tóxico brebaje que le permite controlar los tres poderes del estado. Como consecuencia, todas sus instituciones se dedican a dominar la población y a atemorizar cualquier discrepancia potencial. Lo que Álvaro Vargas Llosa llama la colosal expansión del Estado viene a culminar el proceso: casi cinco millones de venezolanos dependen del Estado para vivir. Si a esto se le añaden sus familiares es casi fácil obtener una mayoría de votantes.

Además, los aliados más firmes de Chávez son la autocracia rusa y la ayatolacracia iraní.

Por fin, Chávez controla casi todos los medios. En julio cerró 285 estaciones de radio y televisión, que fue cuando Moratinos fue a felicitarlo, procedente de Gibraltar. Es este el "modelo patentado" cuya expansión se está logrando en los países citados, y es a lo que pusieron coto las instituciones hondureñas cumpliendo con la legalidad vigente. Zapatero, descontento con esta actitud amiga de la democracia y la libertad la ha castigado expulsando a los soldados hondureños que iban a convivir con los españoles en el Líbano.

Este es el resultado de los que consideran insidiosa la Reconquista y, es de suponer, también el descubrimiento. ¿Cómo va a tener relevancia internacional quien no cree en su propia nación? Es esta, la anti-España de ZP, la que cree que puede amigarse con las tiranías, que parecen ser sus afinidades naturales. Viendo lo que hace el proyecto de anti-España de ZP cuando cuenta, es un alivio saber lo poco que pesa internacionalmente. Es una catástrofe, sí, pero moderada por la incompetencia.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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