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Arabia vs. Irán

Si Estados Unidos y Europa no detienen a Corea del Norte e Irán en su apuesta por violar el régimen de no proliferación, Irán accederá al armamento nuclear, pero no será el único país en la región.

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El rey Abdullah de Arabia hizo la semana pasada unas interesantes declaraciones a un periódico kuwaiti. En ellas advertía a Irán de que podía provocar serias dificultades a los estados del Golfo si no resolvía sus problemas internacionales. A primera vista el rey saudita parecía hacer referencia a la cuestión nuclear, aunque su aproximación sea algo más que indirecta. Teme que un incremento de las tensiones lleve al bloqueo del tráfico naval por el Golfo, provocando graves pérdidas a los países productores y escasez de combustible a los consumidores. Sin embargo, siendo esto cierto, es sólo parte del problema.

Los ayatolás utilizan el programa nuclear para rivalizar por la hegemonía política dentro del Islam, tratando de situar a los chiítas por encima de los sunitas. Arabia, el corazón espiritual del Islam en su conjunto y de los sunitas en particular, se siente amenazada y no es para menos. Desde Riad se movilizan para intentar evitarlo, siguiendo con detalle cada paso dado por Teherán.

En la crisis libanesa apostaron por una campaña militar israelí breve y letal, que dañara de forma inexorable a los terroristas chiítas de Hezbolá. Su enfado con Israel es tan monumental como público, por haber hecho una chapuza que ha acabado beneficiando a Hezbolá, vencedora política de la guerra, aunque se llevara con gran diferencia la peor parte.

Los saudíes se sienten obligados a proteger los intereses sunitas en Irak. Saben de la moderación defendida por el gran ayatolá Alí al-Sistani y de las ayudas iraníes a los militantes radicales del Ejército del Mahdi. La violencia y el fundamentalismo religioso se están alimentando desde Teherán. De ahí que los estados sunitas de referencia busquen un entendimiento con Estados Unidos para tratar de resolver la crisis de la mejor manera posible para la minoría sunita que, por otra parte, hace todo lo posible para provocar una guerra civil que puede perder.

Los sunitas en general, y en particular los egipcios, se quejan de que el apoyo iraní a Hamas dificulta un entendimiento con Al Fatah, causa de la crítica situación que vive Palestina y de la paralización del proceso de paz. Hemos pasado de un enfrentamiento entre árabes e israelíes a una nueva fase caracterizada por una guerra civil de baja intensidad.

La monarquía saudita está preocupada por el desarrollo de la política iraní y no se engaña sobre sus objetivos reales. La rivalidad es ya innegable, hasta el punto de que las autoridades saudíes se han visto en la obligación de negar su apoyo a un supuesto ataque anticipatorio norteamericano contra las instalaciones nucleares iraníes. Es más, han advertido que una acción de esas características tendría efectos muy negativos sobre la opinión pública árabe. Es verdad, lo tendría. Pero eso no quita que Riad apueste por el mal menor, defienda en privado el ataque y lo condene en público, como en ocasiones anteriores.

Si Estados Unidos y Europa no detienen a Corea del Norte e Irán en su apuesta por violar el régimen de no proliferación, Irán accederá al armamento nuclear, pero no será el único país en la región.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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