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Bajo el síndrome del referéndum del 86

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Es asombrosa la capacidad de supervivencia de las malas ideas, sobre todo en política. Cuando Zapatero anunció, a las pocas horas de tomar posesión de su cargo, la retirada de las tropas españolas de Irak, alguien dijo “para que no le pase lo que a Felipe: que en cuatro años pasó de OTAN de entrada no, a OTAN de salida, no”. Lo ha dicho el propio González. A veces la falta de experiencia ayuda. Nada tiene de sorprendente el que los actuales dirigentes del PSOE vivan todavía bajo el síndrome del referendum de la OTAN de 1986. Lo verdaderamente preocupante es que el principal partido de la oposición también siga bajo su influjo, como se ha visto recientemente en dos temas claves: el voto a la constitución europea y el envío de tropas a Afganistán y a Haití.
 
A la hora de abordar estos asuntos ha pesado decisivamente el deseo de evitar quedarse en la misma situación que en el referéndum de la OTAN, cuando Fraga impuso para la derecha española una certera abstención, por no estar de acuerdo con los truculentos términos fijados por González. La apisonadora ideológica socialista utilizó aquella abstención como arma crítica frente a una supuesta y falsa actitud aislacionista del PP. Tanto es así, que los populares terminaron por creerse que aquella abstención fue un error que les dejó al margen. De ahí su temor a verse de nuevo desplazados y por eso su premura en declararse partidarios de la Constitución (no vaya a ser que se nos acuse de antieuropeos) y de apoyar la decisión de Zapatero de enviar tropas a Afganistán y policía a Haití.
 
Sin embargo, hay motivos suficientes para argumentar de otra manera. Los términos de la contribución española a Afganistán, por ejemplo, son perfectamente criticables:
 
- Los argumentos ofrecidos por el gobierno socialista sobre las diferencias entre las operaciones en Irak y Afganistán, en especial la referencia a que la cumbre de las Azores fue un ejercicio de servilismo ante Estados Unidos, no son convincentes y están lastrados de un ya viejo electoralismo
 
- La idea de que enviar de cualquier manera un contingente a Afganistán puede compensar el negativo efecto que la vergonzosa retirada de Irak ha tenido sobre la imagen de España es un despropósito.
 
- Puede que reforzar la ISAF sea una necesidad, pero eso no pasa inexorablemente por los planes del gobierno Zapatero. Rumsfeld propuso en la cumbre de la OTAN un plan alternativo y más razonable, el envío de la Fuerza de Respuesta de la OTAN, que Chirac, y consecuentemente Moratinos, se encargó de torpedear para restar protagonismo a la Alianza.
 
Una abstención en bloque del Grupo Parlamentario Popular ante la propuesta socialista no la hubiera puesto en peligro, puesto que el gobierno contaba con los apoyos necesarios para sacarla adelante, y hubiera puesto más en evidencia las diferentes perspectivas de los dos grandes partidos sobre la Lucha contra el Terrorismo, así como la falta de coherencia estratégica del Gobierno. El problema es que con el voto favorable del PP se le cierra a la oposición la capacidad de criticar la forma y el fondo de la cuestión. Y todo porque creen que en el 86, con su abstención, no lograron nada y pusieron en peligro la acción exterior del Estado ¿Pero qué hizo Zapatero y todo el PSOE cuando la crisis de Irak? ¿Respetar el consenso? En política exterior y de seguridad se puede defender perfectamente bien que no haya consenso cuando lo que se propone es un disparate mayúsculo, como es el caso. Los votantes del PP esperan que éste actúe denunciando la incoherencia, no sumándose a ella. Rajoy se equivocó con Haití y Afganistán. Esperemos que corrija el tiro en el tema europeo, porque se puede querer y defender otra Europa, una Europa que no esté atada a Francia y Alemania, los máximos exponentes de la decadencia continental.

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