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Blair cambia la chaqueta

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El primer Ministro Británico, Tony Blair, ha decidido cambiar de chaqueta. Por un lado, se está desvinculando de su alineamiento de Azores con el eje trasatlántico Washington-Madrid para unirse cada vez con menos disimulo al eje Paris-Berlín. Por otro, parece dispuesto a abandonar la posición tradicional británica que veía en la OTAN la única institución que aseguraba la defensa de Europa para experimentar a cambio alguna forma de defensa europea autónoma. Las razones para este giro estratégico en la política exterior y de seguridad británica son evidentes, y en cierto punto hasta comprensibles, pero el error histórico que puede cometer un acorralado Blair puede ser catastrófico para la relación trasatlántica, para Europa y para el Reino Unido.
 
Este cambio de posición de Blair viene motivado antes que nada por su propia debilidad interna. La guerra de Irak causó muchos quebraderos de cabeza al primer ministro británico, especialmente dentro de su propio partido. El caso Kelly puso en cuestión su credibilidad y las malas artes de un gobierno que parece tener la permanencia en el poder como único objetivo. Las dificultades de la post-guerra pueden avivar los rescoldos de la crisis que aún perduran. Es hasta cierto punto lógico que un animal político herido como Blair tenga el instinto de alejarse del fuego más que de tratar de apagarlo.
 
En segundo término, Blair ha tenido el europeismo como una de las señas de identidad de su ideario político. Su gran objetivo es incorporar al Reino Unido a la moneda única y lograr un liderazgo británico en la política de seguridad y defensa europeas. El enfrentamiento radical con Francia y Alemania había puesto en riesgo la consecución de ambos objetivos. Es más, para Tony Blair la constitución de un directorio de política exterior y de seguridad formado por Londres, Paris y Berlín que diseñe y ejecute la política común en función de sus intereses es una idea demasiado embriagadora. Este directorio ha demostrado ya su virtualidad en el reciente viaje a Irán.
 
Además de esta concepción estratégica había también una razón táctica para el acercamiento al eje Paris-Berlín. El Reino Unido es el país que tiene probablemente más discrepancias, aunque por el momento las manifieste en voz baja, con el texto de Constitución Europea elaborado por la Convención. A Blair le daba pavor acudir a la Conferencia Intergubernamental que debe aprobar el texto definitivo con un enfrentamiento abierto con Chirac y Shroeder. Por el contrario, piensa que sus concesiones en materia de política de seguridad podrán ser muy rentables en la negociación de la CIG.
 
Por último, el primer ministro británico cree que el papel de Gran Bretaña ha sido y debe seguir siendo actuar de vínculo entre ambas orillas del Atlántico. La guerra en Irak le había escorado excesivamente hacia la orilla norteamericana y considera que es preciso equilibrar la relación. El sueño de Blair es que su maniobra sea capaz de conciliar a Bush y Chirac. La operación es muy arriesgada, especialmente porque los norteamericanos parecen muy poco propicios para entrar en ese juego, pero por las razones anteriores Blair está dispuesto a correr el riesgo.
 
Las razones son evidentes pero la estrategia es errónea y traerá resultados muy negativos. El giro británico resultará muy negativo para la relación trasatlántica porque puede quebrar definitivamente la OTAN. Para Europa porque puede poner en riesgo tanto su seguridad como su cohesión. Para el Reino Unido porque pone en riesgo su interlocución con Washington para entregarse a un Chiraq que es un peligro en sí mismo. Pero por encima de todo, Blair está demostrando que es más un oportunista que un político de principios.
 
GEES: Grupo de Estudios Estratégicos

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