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Bombas nucleares hoy

Las otras potencias nucleares menores han visto con satisfacción como su panoplia nuclear aumentaba relativamente en importancia a medida que disminuía la enorme diferencia con los grandes de verdad.

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Parece un mal recuerdo de la ya lejana Guerra Fría, pero todavía existe un orden nuclear en el mundo que sigue siendo una pieza básica y delicada del sistema internacional. Lo que ahora preocupa son los nada tranquilizantes candidatos a meterse de rondón en tan exclusivo club, formado oficialmente, con el beneplácito más o menos renuente de casi 190 países, por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, aunque sólo cuentan con cantidades elevados Estados Unidos y Rusia, si bien mucho menos que en el apogeo de la Guerra Fría, pues acuerdos de control de armamentos comenzados a negociar a finales de los 60 del siglo pasado han ido recortando los voluminosos arsenales de las superpotencias. A Rusia no le queda de tal más que esa relativa paridad con los Estados Unidos y parece seguir soñando en que mantenerla, ciertamente a la baja, para mejor adaptarla a sus reducidas posibilidades de hoy que ayer arruinaron a su predecesora la Unión Soviética, le permite conservar su pasada estatura internacional.

Las otras potencias nucleares menores han visto con satisfacción como su panoplia nuclear aumentaba relativamente en importancia a medida que disminuía la enorme diferencia con los grandes de verdad. Esto vale para Francia, que trata de mantener con gran esfuerzo su estatus y para China, que desea acercarse todo lo posible a los grandes, en todas las facetas de lo militar. El Reino Unido, por su parte, está en vías de repliegue. Su potencia nuclear nunca ha sido del todo independiente, nunca ha podido ser planamente operativa más que con la colaboración americana. La necesidad de restañar sus fuerzas convencionales, sometidas a las terribles pruebas de Irak y Afganistán, la están impulsando a tirar la toalla en el campo nuclear.

India y Pakistán nunca firmaron el tratado de No Proliferación que reconocía del pentapolio mundial citado, con lo que han desarrollado sus fuerzas al margen del orden mundial, pero sin violarlo formalmente. India dice no apuntar hacia nadie, pero está claro que su esfuerzo está dirigido ante todo a contrarrestar la potencia de la ascendente China, mientras que Pakistán vive por su parte obsesionada por su persistente rivalidad con la India y el mundo debería estar permanentemente preocupado por las posibles consecuencias de esa rivalidad y mucho más todavía por el nada imaginario peligro de que el radicalismo yihadista pueda llegar a poner sus ensangrentadas manos sobre tan espeluznante armamento.

Israel tampoco es firmante del tratado de no proliferación, y ha desarrollado su potencia de la más discreta forma posible, sin haber realizado nunca un ensayo nuclear, que es el espaldarazo definitivo para adquirir los laureles nucleares. Para Israel ha sido siempre, como tantos otros aspectos de su política exterior y de defensa, una cuestión de pura supervivencia, que no parece que haya mucha necesidad intelectual de justificar, por mucho que se pueda comprender lo incómoda que la situación pueda resultar para sus inamistosos vecinos, incomodidad un tanto paliada últimamente por el ascenso de otro nuclear mucho más amenazador, Irán. Mientras tanto Israel sigue manteniendo su curiosa doctrina del uno y medio. No será nunca la primera en usar armas nucleares, pero tampoco será la segunda.

Otros países que había iniciado la senda de lo nuclear, como Sudáfrica, Argentina o Brasil, la abandonaron voluntariamente. Países surgidos del desmembramiento de la Unión Soviética, terminaron cediendo ante Rusia. Irán y Corea del Norte siguen siendo los peligrosos rebeldes, burladores de sus compromisos internacionales, como también lo había sido Sadam. Pillada in fraganti, Corea del Norte se salió del tratado de No Proliferación, mientras que Irán sigue sin denunciarlo, aferrándose a la ficción, por casi nadie creída, de que sólo buscan el desarrollo de tecnologías nucleares civiles.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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