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Bono y los radicales libres

El cuerpo produce catalasa y dismutasa para acabar con el exceso de radicales libres. En nuestra política, los radicales libres se contrarrestan con claridad, firmeza y contundencia de las ideas

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En bioquímica se llama radicales libres a átomos o grupos de átomos muy reactivos, que desestabilizan moléculas estables robándoles un electrón y que, por ello, son la causa de la oxidación y del envejecimiento del cuerpo humano. Los radicales libres los produce nuestro propio cuerpo en dosis bajas pero capaces de atacar determinadas bacterias y virus, pero su proliferación dañina está causada por productos externos que penetran en nuestro cuerpo y que se encuentran en la contaminación atmosférica.
 
Pues bien, el deplorable incidente que sufrió el ministro de defensa José Bono, durante la manifestación de la víctimas del terrorismo, no fue más que su encuentro con un grupo de radicales libres en el terreno político. Independientemente de su peculiar gusto personal por hacerse valer como un político del pueblo, claramente diferenciado del resto de sus compañeros de partido y de gobierno, sirvió como detonante de una reacción en cadena por parte de quienes ya están hartos de tanto populismo y demagogia, reacción que acabó en el violento estallido de unos pocos ultras, José Bono padeció el mismo tipo de agresión a las que los militantes del PP se han tenido que acostumbrar desde que el PSOE iniciara su estrategia de tomar la calle ras el accidente del Prestige. Con una notable diferencia: mientras que aquí los exaltados que intentaron agredir al ministro son unos marginales que sólo pertenecen al mundo de los hooligans (que es donde Aznar ha llevado a los elementos incontrolables de la extrema derecha, dicho sea de paso), las agresiones a las sedes del PP durante la guerra de Irak –por no decir de los asedios el 13 de marzo, jornada teórica de reflexión electoral– si no estuvieron promovidos directamente por dirigentes socialistas, hay pruebas contundentes de que muchos de ellos sí participaron en los mismos. Y nadie de la dirección del PSOE hizo nada por detenerlos o denunciarlos. A diferencia ahora del PP.
 
La violencia nunca debe estar presente en la política, que quede claro. Pero Bono, como buen castellano manchego que dice ser debería conocer el refrán español de “quien vientos siembra, recoge tempestades”. Y la tempestad personal del sábado es una consecuencia de los vientos, malos vientos, que sólo el PSOE en una clara estrategia desestabilizadora y antisistema, ha sembrado en nuestra vida política en los últimos años.
 
Ahora bien, no nos engañemos. Al PSOE también le viene muy bien este tipo de incidentes. No puede desear más que al PP que creó Aznar y que es el único ejemplo de partido de derecha que no tiene competición dentro de su espectro ideológico, le saliera una facción radical por la derecha. El PSOE sabe del malestar de muchos por lo que consideran un robo electoral el 14-M y estimular su reacción les vendría de perlas. La base que le aupó al poder es altamente volátil y necesitan para consolidarse fragmentar el apoyo social al PP de Mariano Rajoy.
 
Y esto también debe servir de punto de reflexión para los actuales líderes populares. Su situación es delicada porque si quieren olvidar todo lo pasado en su etapa de gobierno, particularmente desde Irak, y abandonan los postulados que, a pesar de la que estaba cayendo en esos momentos, movilizó a casi diez millones de votantes el 14-M, el descontento y la frustración, alimentada por las continuas provocaciones del gobierno del PSOE, puede llevar a que corrientes de opinión más radicales acaben organizándose por su propia cuenta. Al mismo tiempo, mantener su firmeza y contundencia como oposición exige superar ciertos traumas, esencialmente Irak, que nunca estuvieron ni explicados ni comprendidos por muchos militantes del PP.
 
La sociedad española está extremadamente polarizada porque el PSOE ha alimentado dicha polarización. Al PP le toca contener a los radicales de derecha, pero tiene que ser plenamente consciente de que la actual polarizacion ya no le conviene al gobierno. El millón de votantes antisistema o tradicionalmente abstencionistas que le auparon al poder el pasado 14 de marzo ya están de nuevo tan desencantados que no podrán ser movilizados en nuevos comicios. El PP, por el contrario, si cuida a los suyos y dice lo que tiene que decir, que es lo que quieren escuchar sus votantes, sí puede movilizar a su base. Ahí está la diferencia. Ah, y el centro no es ni de unos ni de otros. Simplemente ha desaparecido. El cuerpo produce catalasa y dismutasa para acabar con el exceso de radicales libres. En nuestra política, los radicales libres se contrarrestan con claridad, firmeza y contundencia de las ideas.
 
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos

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