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Chacón, naufragada

La tarea de Chacón es proteger nuestros intereses, es decir, a nuestros pesqueros. Ha fracasado estrepitosamente. Otro barco vuelve a estar en manos de los piratas.

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Ante los piratas, sólo cabe una opción decente: ir a por ellos. Primero, impidiendo que aborden cualquiera de nuestros barcos, lo que debe hacerse mediante el uso de la fuerza si es necesario. Para ello es necesario situar fuerzas en la zona. Segundo, no cediendo a sus demandas, lo que además de una cobardía indigna supone seguir alimentando la industria de la piratería en la zona. Esto exige un liderazgo diplomático y político real. Y tercero, buscando y eliminando a aquellos que se dedican a asaltar nuestros barcos, lo que exige tener la capacidad militar, jurídica y política de actuar en Somalia, en mar y tierra, contra los bandidos.

Hasta hace pocas años, los países occidentales habían olvidado lo que era tratar con piratas. Los continuos asaltos en Somalia han hecho que la mayoría tomen decisiones para adaptarse a ello. En primer lugar, se procedió al envío de la flota multinacional, esperando disuadir a los piratas, como si éstos no fuesen profesionales del crimen. En su momento, tras el secuestro del "Playa de Bakio", Chacón lanzó a bombo y platillo la idea de que España comandaría la flota internacional. Fracasó en dos aspectos. Por un lado, porque no comandamos nada, somos un país más en la zona. Y por otro, porque la flota internacional no ha tenido tan buenos resultados. Las fragatas y destructores no están pensados para librar una guerrilla naval contra lanchas y barcos ligeros. En el secuestro de hoy, la fragata "Canarias" se encontraba demasiado lejos, a más de un día del pesquero.

Por eso con el paso del tiempo, esta medida se ha mostrado insuficiente: los piratas actúan en las rutas y caladeros, con buena información sobre la situación de los barcos de guerra occidentales, con buen material y bien coordinados. Patrullar con barcos no ha solucionado el problema. Por eso algunos países han hecho algo más: completar los barcos y aviones con la presencia en los propios barcos de militares armados y preparados para repeler cualquier asalto. Francia e Italia tienen ya soldados embarcados en sus naves. Los franceses, además, están entrenando a tropas somalíes, y tanto ellos como los norteamericanos combinan esto con operaciones en tierra contra bases y campamentos piratas e islamistas.

Chacón ya quedó fuera de juego en esta nueva estrategia. Reaccionó como cada vez que este Gobierno se encuentra con un problema relativo a la seguridad y la defensa: esconderse detrás de la legislación vigente en vez de adaptarla a las circunstancias. Así que hizo dos cosas. La primera, negar la posibilidad de embarcar tropas. La segunda, permitir la presencia de seguridad privada a bordo de los barcos. Pero como ambas palabras seguridad y privada le producen repugnancia, lo hizo con grandes limitaciones tanto en el uso de la fuerza como en el armamento disponible, de escaso alcance y calibre. Lo que vuelve a dejar a los barcos en inferioridad de condiciones respecto a los piratas.

Fiel al lema de Bono, "antes morir que matar", el Gobierno tomó otra medida: aconsejar a los armadores que buscasen otros caladeros. Es decir, todo menos enfrentarse cara a cara con el problema, grande para España. De la cincuentena de pesqueros en la zona, hay casi 20 españoles faenando entre Somalia y las islas Seychelles. De su situación no cabe ninguna sorpresa: el atunero "Alakrana" ya se libró por poco de un asalto el pasado día 3 de septiembre, a 450 millas de la costa somalí. Y a lo largo del mes de septiembre, varios pesqueros han sufrido intentos de asalto. La ministra no puede alegar sorpresa, porque ella ya conocía este deterioro de la situación.

La tarea de Chacón es proteger nuestros intereses, es decir, a nuestros pesqueros. Ha fracasado estrepitosamente. Otro barco vuelve a estar en manos de los piratas. Pero es que las posibilidades a partir de ahora se complican aún más. En el caso del "Playa de Bakio", España pagó el rescate exigido por los piratas, a diferencia de otros países como Francia o Estados Unidos, que o han liberado por la fuerza a los rehenes y los barcos, o si han pagado rescate ha sido dentro de una operación más amplia destinada a localizar, perseguir y liquidar a los piratas. El Gobierno de Zapatero simplemente pagó el dinero y cruzó los dedos para que no volviera a ocurrir, lo que era garantía segura de que volvería a ocurrir. Como así ha sido. ¿Volverá a ocurrir con el "Alakrana"?

Después del revolcón sufrido con el asunto de Kosovo, y para tapar la reciente amputación presupuestaria del Ministerio de Defensa, Chacón volvía a asomar su mediática cabeza en Afganistán, justo como a ella le gusta: con el sectario monumento a algunas de las víctimas españolas en aquel país. Pero de nuevo Somalia la devuelve a la realidad, poniendo de manifiesto una incapacidad congénita para ejercer el liderazgo en crisis como la presente. Y lo peor es que no se trata sólo de que la ministra amor sea incapaz de proponer medidas para impedir el asalto a nuestros barcos, o lo haga al contrario que los demás. Es que ahora vuelve a empezar el sainete sobre el qué va a hacer el Gobierno con el pesquero secuestrado, si perseguir a nuestros atacantes o premiarlos. Volvemos a empezar de nuevo. Eso sí, dudamos de que la ministra haya aprendido algo de estos últimos dos años. Ha vuelto a naufragar.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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