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Contra la sociedad abierta

El Mundo o El País, tuvieron que reconocer el escándalo tarde, mal y sin darle la relevancia debida: en este asunto, un grado más en Madagascar les parece más interesante que el hecho de que quienes lo midieron se inventaran los datos.

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En verdad, el escándalo del climategate no dice nada sobre si el planeta se calienta o no. Lo que ha revelado es el escándalo de unas élites científicas que han cometido tres gravísimos pecados científicos: primero, ocultar, inventar y manipular datos empíricos para ajustar la realidad a sus preferencias teóricas. Segundo, ajustar la teoría a ámbitos ajenos a la ciencia: a la propaganda, a la política, a la financiación de sus proyectos. Tercero, perseguir y tratar de eliminar de la comunidad científica a aquellos colegas que no estuviesen de acuerdo con unos datos que ellos mismos estaban manipulando. Resulta curioso comprobar como los científicos defensores de la existencia de un calentamiento global se han comportado como ellos acusan de comportarse a los que no piensan como ellos: manipulando, recibiendo dinero a cambio, y trabajando por intereses espurios.

En términos popperianos, no sólo la comunidad libre de científicos se ha visto erosionada por algunos de los responsables del IPCC de la ONU: la ideología del calentamiento global es un peligro también para la sociedad abierta. El mismo comportamiento de los científicos se repite entre los defensores del calentamiento. Primero, los partidarios de esta ideología en la política y los medios de comunicación seleccionan las noticias para que se ajusten al modelo catastrofista. Los mismos medios de comunicación que han seguido durante años todo lo relativo al cambio climático, y que lo han publicado todo sobre el tema, ocultaron el escándalo, lo cubrieron durante días y algunos, como El Mundo o El País, tuvieron que reconocerlo tarde, mal y sin darle la relevancia debida: en este asunto, un grado más en Madagascar les parece más interesante que el hecho de que quienes lo midieron se inventaran los datos.

En segundo lugar, está aún por hacerse la suma de los millones de dólares que circulan de organismos nacionales e internacionales hacia grupos de expertos, organizaciones ecologistas y algunas universidades. El calentamiento global es un negocio, y muchos se están haciendo ricos con él. Si se demuestra falso, se acabó el dinero de gobiernos e instituciones internacionales, no sólo para científicos sino también para activistas y funcionarios. No es de extrañar que algunos científicos amolden sus datos a lo que sus benefactores esperan de ellos, ni que organizaciones ecologistas criminalicen a los escépticos. El caso de Al Gore es el más claro de manipulación científica por motivos poco confesables.

En tercer lugar, en el tema del calentamiento global existe hoy en día una triple pinza que censura opiniones y erosiona el pluralismo en este tema, no sólo entre los científicos, sino entre toda la sociedad: los organismos públicos, las organizaciones ecologistas y los grandes medios de comunicación. Los tres se retroalimentan mutuamente, remitiéndose los unos a los otros. Incluso inventaron lo de negacionistas, que de paso frivoliza el holocausto judío. De entre los tres, no deja de ser relevante el hecho de que sean los periodistas los más censores. La calidad del periodismo actual se pone de manifiesto observando como la prensa hace gala de una credulidad, una falta de crítica y una ferocidad contra quienes ponen en duda la verdad oficial que asusta. Su disculpa de la mentira, la manipulación y la mala fe de los científicos de la Universidad de East Anglia pone de manifiesto hasta qué punto ellos mismos participan de ella. El editorialazo de los 56 periódicos lo deja bastante claro.

La Cumbre de Copenhague va a suponer una vuelta de tuerca más contra la libertad de expresión. En vez de un verdadero foro de discusión y debate, la Cumbre del Clima va a suponer un impulso a la verdad única, a la denuncia de los científicos más escépticos y a la criminalización de todo aquel que no se sume a los dogmas de la calentología. En nuestro país, el izquierdista diario El Mundo advierte ya de que lo que está en juego son "las esperanzas de la humanidad", lo que significa que todo aquel que no se sume a la procesión, será un enemigo de aquella. Los más pesimistas atisban en el futuro recortes a la libertad de expresión, incluso legislaciones que incluyan la negación de la calentología. Uso de la fuerza, en suma. Primero contra los científicos, y después contra todo aquel que se ponga por delante. Entre defender sus modelos científicos y la libertad, se quedan con lo primero. Lo malo es que tienen el poder. Y lo usarán.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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