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Cualquier parecido con la realidad

Para convertirse en atrezzo de película, no nos hacen falta los ejércitos. Comprar los servicios de una productora de Hollywood nos saldrá mas barato. Y quedará mejor en el telediario.

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Apocalipsis Now en Badajoz. Operación conjunta de rescate de diplomáticos secuestrados por terroristas. Los Harrier en vuelo bajo para cubrir la retirada y acabar con los focos enemigos, con apoyo de cazas F-18. Nuestros Infantes descolgándose de los helicópteros y desembarcando en la playa en apoyo de unidades de paracaidistas. Pizarros desplegándose; Leopards avanzando hacia el enemigo. Cobertura del helicóptero de combate "Tigre". Final feliz: terroristas eliminados y secuestrados librados.

Espectáculo, sí, pero tragicómico. Con el fracaso de la operación de Somalia en la mente –recordemos la imagen de los secuestradores escapando ante la impotencia de las Fuerzas Armadas– y con las misiones ordenadas por el Gobierno en el exterior, demostraciones como la de Badajoz resultan entre cómicas –por exageradas y llenas de aspavientos– y trágicas –por la falsedad y el engaño que implican, cara a los españoles en general, y a los militares en particular. Porque al final, la espectacular demostración sobre las operaciones de las Fuerzas Armadas del sábado se convierte en un fin en sí mismo, que no remite a ninguna operación real. Nada real hay mas allá de las espectaculares imágenes de los desembarcos, los saltos en paracaídas y las fuerzas especiales asaltando al enemigo.

Jamás el Gobierno ha puesto o ha pensado en hacer con los ejércitos algo parecido: inició su legislatura en 2004 con la gloriosa retirada de Irak; lo de Líbano es de todo menos honroso en relación con terroristas de Hezboláh; lo de Haití de todo menos castrense y heroico; y en cuanto a Afganistán, que mas quisiéramos que ver a los soldados españoles persiguiendo a los talibanes con el mismo ardor con el que perseguían a los actores el sábado. Todo el contacto que las Fuerzas Armadas tienen con el combate real con los terroristas se limita a defenderse de los ataques en Afganistán y a entrenar a otros para que sean ellos los que se líen a tiros con el enemigo.


¿Entonces? Entonces al final resulta que la gran operación de combate llevada a cabo por nuestras Fuerzas Armadas contra fuerzas enemigas ha sido el show multimedia de Badajoz.


Porque si los grandes proyectos de adquisición de material y las pomposas reorganizaciones de las unidades sólo sirven para montar una película –al modo de reconstrucción histórica de unas operaciones que ni se hacen ni se harán–, entonces es que la estrategia ha degenerado en propaganda de papel couché y la táctica ha degenerado en rodaje de videoclip. Y para convertirse en atrezzo de película, no nos hacen falta los ejércitos. Comprar los servicios de una productora de Hollywood nos saldrá mas barato. Y quedará mejor en el telediario.

 
Porque de esto se trata. El Gobierno está sometiendo a las Fuerzas Armadas a un deterioro notable. Lo hace con la connivencia de una cúpula militar entregada –con José Julio Rodríguez a la cabeza– que lo mismo convierte a los ejércitos –de cuya salud es responsable, en primer lugar ante los propios militares– en repartidores de alimentos que en bomberos. Y ahora actores. Ignoramos si el Gobierno consigue comprar las voluntades de los militares ofreciéndoles un gran espectáculo en el que enseñar unos juguetes que nunca utilizarán en combate real y proporcionándoles un baño de masas en el que sean aclamados como no lo son, mientras cuando lo son se esconde a la opinión pública. No nos engañemos: la superproducción del sábado oculta el progresivo deterioro al que los socialistas –desde el ínclito Bono a Chacón– están sometiendo a las Fuerzas Armadas. Eso sí la operación salió bien, y los terroristas fueron vencidos. "Sin novedad".

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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