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De lobbies y frivolidades

El recurso a lobbies ha seguido siendo parte integrante de la acción exterior española en Estados Unidos hasta hoy, incluyendo a los gabinetes del Presidente González

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Uno de los parámetros para evaluar la madurez de un país es la estabilidad y profesionalidad en el tratamiento de las cuestiones de estado, entre las que se encuentran las líneas maestras de la política exterior. Cualquier persona que haya tenido relación con nuestras principales embajadas en el mundo habrá constatado la precariedad de medios, comenzando por el reducido número de diplomáticos. Si queremos defender nuestros intereses en los principales países debemos poner a disposición de nuestras legaciones instrumentos apropiados para hacer llegar nuestra voz y presionar sobre quien corresponda. España ha tenido excelentes diplomáticos en la Embajada en Washington, pero los retos que la relación bilateral nos ha planteado en distintos momentos sobrepasaban por mucho el buen hacer de esos profesionales.
 
España ha dispuesto de lobbies en Washington para acceder más fácilmente a los miembros del Capitolio, a las asociaciones empresariales o a los medios de comunicación en distintos momentos. Una actitud común, porque esa es la forma de trabajar defendiendo intereses en Estados Unidos. Tanto es así que hace la friolera de cincuenta y seis años que España viene contratando este tipo de servicios con distintas firmas especializadas. Los primeros contratos datan de 1948, cuando José Félix de Lequerica encargó al despacho de Charles P. Clark y al bufete Cummings, Stanley, Truitt y Cross la defensa de los intereses nacionales ante el Legislativo y el Ejecutivo respectivamente. El recurso a lobbies ha seguido siendo parte integrante de la acción exterior española en Estados Unidos hasta hoy, incluyendo a los gabinetes del Presidente González.
 
Recientemente hemos asistido a una fuerte campaña, de tono elevado, denunciando la contratación de un lobby y su uso para fines personalistas. La campaña puso de manifiesto una cosa importante: la falta de oficio de quién la organizó. Escandalizarse por trabajar con lobbies es una prueba de ignorancia, denunciar su uso para fines personalistas es no querer reconocer que la medalla en cuestión se entregaba a quién había desarrollado una política aprobada por el Congreso de los Diputados. Aznar representaba a España, a una nación amiga, presente en toda América y a quién se reconocía autoridad.
 
Aquella imagen de España, que tanto esfuerzo había costado crear, se ha esfumado. El Gobierno español ha cometido todo tipo de errores, los imaginables y algunos inimaginables. Ahora más que nunca, cuando las relaciones están en el peor estadio desde el establecimiento de la democracia en España, es necesario contar con medios de todo tipo para hacer valer nuestros intereses en Washington. El Gobierno de Rodríguez Zapatero ha vuelto a cambiar de opinión y ahora nos comunica que mantendrá un lobby en Estados Unidos y que, además, será la misma firma con la que se venía trabajando. La voz de los profesionales parece que se ha impuesto a la de aquellos que piensan que la política exterior es también el terreno de la sonrisa y la demagogia.
 
La firma Piper Rudnick continuará trabajando para España. La prensa adicta, esa que hace poco se escandalizaba de las irresponsables declaraciones del Presidente en Túnez, nos dirá que el Gobierno se ha visto obligado a mantener el contrato por el alto coste de su rescisión. Verdad a medias, porque el mismo Gobierno ha reconocido por escrito que la polémica surgida no tenía que ver con el trabajo realizado, sino con las instrucciones emanadas del Gobierno Aznar. Se hicieron afirmaciones, con la osadía del ignorante, de prescindir de este tipo de servicios, que ahora se quieren tapar con argumentos contractuales.
 
Donde sí acierta el Gobierno es cuando afirma que en adelante las instrucciones que dicha firma recibirá serán distintas. No nos cabe duda, porque las metas de entonces ya son imposibles. La actuación irresponsable, que no ideológica, del Gobierno nos ha sacado del mapa. Mintiendo sobre la retirada de las tropas, inventándose inexistentes peticiones de mediación en Oriente Medio, animando irresponsablemente a otros países a retirar sus tropas de Irak... España se ha situado en una posición de enfrentamiento con Estados Unidos tan innecesaria como gratuita. Este ejercicio de frivolidad ha supuesto que nos encontremos ahora en peor situación que naciones que han tenido choques mucho más importantes pero que han jugado limpio, como Alemania, que goza en Washington de una audiencia y de un respeto mucho mayor. Sin dudar de la calidad de sus servicios, poco podrá hacer Piper Rudnick para mejorar la penosa situación en la que se encuentran los intereses españoles en aquel país gracias a la gestión del Gobierno Zapatero.

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