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Después de Petraeus

Irak no nos tiene precisamente acostumbrados a sorpresas agradables. Si hubiera que interrumpir o incluso invertir la retirada de las tropas, el fracaso político sería notable y los republicanos habrían sellado su destino en las próximas elecciones.

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¡Ah, si todo fuera tan sencillo!

Petraeus aguantó impávido, como si padeciera parálisis facial, el chaparrón demócrata y salió victorioso a juicio de republicanos, poniendo rabiosos a los del partido rival, lo que no deja de ser un reconocimiento de derrota, por más que todas sus proclamas vayan en sentido contrario. La actuación del general preparó el terreno para que Bush pudiera explotar el éxito. Las cosas van lo suficientemente bien, vino a decir el soldado, como para que ya se pueda ir pensando en poner fin al surge e ir retirando las tropas que lo han constituido. ¡No se hable más! Yo hago lo que mis militares me recomiendan, fue en esencia la respuesta del presidente, segando la hierba bajo los pies de sus rivales.

Políticamente, es una jugada perfecta. Los demócratas quedan descolocados, aferrándose a que eso es poco y a que los éxitos militares del surge o aumento de tropas, que ya no niegan, no significan nada por la inmovilidad en el frente político del Gobierno de Bagdad. Pero la fiesta ya se les ha aguado. La última genialidad que se les ha venido a las mentes para no cejar en el intento de entorpecer el esfuerzo de guerra sin atreverse jamás a cortar por lo sano ha sido proponer un mayor tiempo de descanso para las tropas. Es la versión 1001 de la retirada. Así ni se hacen ni se deshacen guerras.

Pero la victoria política de Bush está por ver que no sea un tiro en su propio pie. Cierto es que ha condicionado la marcha atrás del "aumento" y la vuelta al nivel de tropas que lo precedió a la situación sobre el terreno. Eso es lo que siempre ha dicho. Hasta que la misión se haya cumplido. Según la propuesta de Petraeus la retirada se iniciaría a finales de este mes y quedaría completa el próximo julio, si mientras tanto todo va bien, es decir, la seguridad de los iraquíes sigue mejorando y la efectividad de sus tropas también.

Pero quizás sea mucho pedir. Irak no nos tiene precisamente acostumbrados a sorpresas agradables. Si hubiera que interrumpir o incluso invertir la retirada de las tropas, el fracaso político sería notable y los republicanos habrían sellado su destino en las próximas elecciones. El futuro de la guerra en Irak quedaría condenado y abierta la caja de Pandora de sus estremecedoras consecuencias.

Y lo que es más, si las cosas van bien, mejor pueden ir con mayor presencia de tropas. Si la situación resiste una retirada del 20%, más rápido y seguro puede ser el progreso si todos esos soldados se mantienen. Sin duda, conviene destetar a las tropas iraquíes de los pechos americanos, pero eso también va para largo. El mismo surge ha sido poco y tarde. No pongamos lo de "demasiado" a la vista de sus éxitos. Pero con más se puede más. El secreto parece ser que apenas hay de donde sacar más. El surge ha significado echar el resto. Naturalmente, siempre se puede aumentar otro poco la presión. Pero los militares americanos, con Petraeus incluido, no parecen atreverse y Bush está dispuesto a correr riesgos para no forzarlos, máxime cuando de momento se anota un tanto espectacular en política doméstica. Esperemos que no termine marcando gol en propia puerta.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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