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Doble o nada

Más descarnado que su discurso del día 20, pero igualmente potente. América y la libertad han encontrado un gran presidente

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La Unión va bien, pero va a ir mejor. Ese es el resumen que puede hacerse del discurso del Presidente George W. Bush anoche ante el Congreso americano. A diferencia de su discurso con motivo de su toma de posesión, el pasado 2 de enero, donde las florituras retóricas se pusieron al servicio de sus principios, esencialmente la expansión de a la libertad y la lucha contra la tiranía, ayer su intervención fue directa y clara, pero no por ello menos al servicio de sus ideales.
 
Bush dio gran importancia a las cuestiones domésticas, la reforma de los impuestos, la productividad y el crecimiento económico y, sobre todo, la necesidad de reformar el sistema de pensiones y seguridad social, un sistema que dentro de pocos años entrará en crisis. Antes si se aplicasen los malos remedios en los que piensan los demócratas. Bush ayer inauguró el reinado de los neoecons, esto es, los economistas neoconservadores, ávidos de introducir profundos cambios y ansiosos de retar las concepciones tradicionales, conservadores o de izquierdas, sobre cómo proteger y aumentar la capacidad productiva y económica de los Estados Unidos. No son neoliberales porque saben que el mercado solo no garantiza la solución a serios problemas sociales, como la pobreza y la violencia y que, por tanto, el poder político debe jugar un papel para que el capitalismo sea compasivo. No son de izquierdas, porque saben que los subsidios y otras ayudas no son una salida a los problemas reales de la gente y de la economía.
 
En su segunda parte, Bush volvió, al igual que el día de su jura, a exponer los principios en los que cree. Y lo hizo con gran persuasión. Retomó el vínculo entre tiranía y terrorismo y defendió de nuevo la necesidad de transformar el Oriente Medio e impulsar una democratización universal. El neoecon volvió a ser el neocon en política exterior. Por un lado, dio un serio aviso a Siria, quizá el país que más daño está haciendo a la estabilización de Irak a través de la ayuda que obtienen los terroristas por su más que porosa frontera; pero también le indicó a Irán dos cosas muy importantes: que debe abandonar su ambición nuclear y que América se alinea claramente con los opositores al régimen de los Ayatolás. En línea con su iniciativa de transformar el Gran Oriente Medio, también dio un aviso a Egipto y Arabia Saudita para que hicieran avanzar las reformas políticas y económicas necesarias. Y sobre Irak dejó claro frente a sus críticos, realistas y demócratas, que él apuesta por una estrategia de la victoria, no de una salida rápida.
 
Más descarnado que su discurso del día 20, pero igualmente potente. América y la libertad han encontrado un gran presidente.
 
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos

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