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Dos tonos de Europa

El otro legado izquierdista, más dañino, es el moral –llámesele así– fundado en la comprensión del terrorismo marxista ­–del que ETA y su entorno son el epítome– porque "luchó" contra la derecha.

GEES
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Alemania se resistió pero no le queda más remedio que responsabilizarse de la Unión Europea. Las reformas científicamente inapelables del por otra parte reprobable canciller Schröder en la primera década del siglo pusieron las bases consagradas luego en el Tratado de Lisboa modificando los equilibrios de poder a favor de la poblada Alemania. Hoy el poder económico, aún frágil, y el político coinciden en Europa. Estar en ella exige seguir el modelo germano.

Había dos alternativas. Estaba Inglaterra, socio siempre crítico y volcado hacia el Atlántico. Sin embargo, Cameron, preocupado principalmente por distinguirse de Thatcher no acaba de cuajar. Sigue debatiéndose entre las fórmulas liberales y las estatistas, con amplia intervención monetaria de dudosos resultados y dependiente del gran hermano americano, aún más perdido bajo el abogado del estímulo Obama. La otra era una Europa con mayor dimensión francesa, pero la incapacidad y falta de voluntad de llevar la reforma a término por parte de Sarkozy concluyó con la victoria del arcaico Hollande. Este recuerda al peor Mitterrand sin que guarde ya Francia recursos para intervenir decisivamente en el tradicional eje franco-alemán, responsable de casi todo lo bueno y lo malo de los cincuenta últimos años.

Sofocada la soberanía de los demás socios, divididos en la crisis inevitablemente entre los que aportan y los que reciben, el camino inexorablemente seguido es el marcado por Merkel. Siendo duro, los hay peores, y es promesa de recuperación económica, aunque no de ninguna otra.

El otro tono de Europa, resueltamente oscuro, lo proporciona la organización internacional encargada de la defensa de los derechos humanos, el Consejo de Europa. La decisión de su tribunal, que nada tiene que ver con la UE, de cuestionar la jurisprudencia española sobre el cumplimiento íntegro de las penas de los terroristas parece responder a una agenda política tributaria de la influencia de las llamadas fuerzas progresistas en estos organismos menores.

Lo positivo de Europa es la herencia de las fuerzas liberales y demo-cristianas que originaron el acuerdo original de paz entre las naciones, y luego de avance económico. Lo negativo se identifica con la rencorosa izquierda antediluviana cuyas recetas económicas condenó la caída del Muro de Berlín y la presente crisis ¿O ya nadie recuerda que lo que nos trajo acá fueron los planes E de Zapatero, su renuncia a reformar el "quizá" mejor sistema financiero de la comunidad internacional y su alergia a la lógica? Esas políticas, aún no enterradas, están siendo preteridas por el empuje alemán y su reciente experiencia, paradójicamente provocada por un socialdemócrata, pero ajena a la ideología socialista. El otro legado izquierdista, más dañino, es el moral –llámesele así– fundado en la comprensión del terrorismo marxista ­–del que ETA y su entorno son el epítome– porque "luchó" contra la derecha. Debe combatirse jurídicamente pero es aún más importante derogarlo en el ámbito de la opinión pública. España lo hizo con éxito hace poco, con el aval del mismo tribunal. Debería repetir.

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