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El cigarral de Bono

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El ministro de Defensa, José Bono, va camino de convertirse en el Rumsfeld español. Así, al igual que su colega estadounidense, Bono está logrando un control absoluto del Ministerio de Defensa por encima incluso del propio presidente del Gobierno, ciertamente inhibido de los temas militares. La orden de retirarse de Irak puede ser de hecho la primera y la única que vaya a recibir el ministro de su presidente.
 
La colocación de Bono en el Gobierno fue un problema para Zapatero. Todas las quinielas le situaban en Interior, pero el ímpetu patriótico del manchego podía haber chocado frontalmente con aquellos gobiernos nacionalistas, como el vasco y el catalán, que comparten competencias de seguridad con el Estado. Por el contrario, en Defensa Bono puede mantener su discurso de siempre sin pisar excesivos callos y sin más oposición que las críticas de “casposo” u “hortera” que recibe de los socios parlamentarios del Gobierno.
 
La autonomía de Bono se ha puesto de manifiesto antes que nada en los nombramientos de altos cargos en su departamento. Frente a las injerencias de Zapatero colocando personas de su confianza en otros muchos equipos ministeriales, Bono se ha permitido hacer una traslación de su gabinete en Toledo al Paseo de la Castellana. Está por ver que eso funcione, pero por el momento le ha servido para dejar patente su total autonomía respecto a Moncloa.
 
Pero, más allá de los nombramientos, la sensación que tienen los interlocutores del ministro es que él tiene la última palabra en todos los temas. Esta es una situación inédita en el Ministerio. Con Aznar, los ministros actuaban en muchas ocasiones como meros intermediarios e incluso recaderos, pero el verdadero poder y control de la política de Defensa lo ejercía el presidente.
 
Esta nueva situación tiene ventajas e inconvenientes. La ventaja es que Bono podrá actuar con mayor autonomía e inmediatez para resolver los problemas. Pero que un presidente del Gobierno se inhiba totalmente de los asuntos de Defensa no es una buena noticia. El peligro es que el ministro caiga en la tentación de crear un Ministerio autónomo dentro del Estado. El potencial de conflicto con otros departamentos sería entonces muy alto. Por otro lado, las graves amenazas que pesan sobre nuestra seguridad exigirían además en estos momentos un compromiso especialmente firme y cercano del presidente con la Defensa y con las Fuerzas Armadas.
 
GEES: Grupo de Estudios Estratégicos

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