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El día del orgullo conservador

Té, café o chocolate es lo que menos importa. Lo vital es que la derecha acabe por encontrarse. Y a quien todo lo ve desde la más básica táctica electoral, recordarle cómo Sarkozy apelando a valores conservadores salió elegido presidente.

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Alguno de los intelectuales orgánicos del PP se ha atrevido a afirmar que a España le conviene dejarse de té y tomar café, en alusión al movimiento del Tea Party en los Estados Unidos, donde debe ver, con desmayo, el epicentro de los valores tradicionalistas.

Y es que, como no nos cansaremos de decir, la derecha española es muy poco conservadora, sufre de un penoso complejo de culpa y preferiría ser vista como izquierda moderada, blanda y razonable. Pero lo único que logra es ser percibida como un amorfo enemigo de la izquierda y un permanente sinsabor para los conservadores.

La manifestación que el pasado 28 de agosto reunió a miles de personas en Washington, respondiendo al llamamiento del presentador televisivo Glenn Beck, es sinceramente impensable en nuestros lares. Su filosofía, honor, patriotismo y religión, aun más descabellada para un establishment político como el español que apenas cree firmemente en nada.

De ahí las criticas de los intelectuales "populares" a aquel movimiento que se les escapa. Primero porque está fuera del control del rígido sistema partitocrático que, al igual que España, ha sido Estados Unidos. Y eso debe provocarles temor por el futuro. Segundo, porque aspira a vigorizar ideas y valores –como honor y Dios– que hoy quedan demasiado alejadas del ramplón discurso político en el que vivimos.

Pero estos intelectuales orgánicos se equivocan. Primero, porque en estos últimos años se ha producido una revolución política, no por callada menos relevante: en España hoy ya hay una difusa masa de conservadores que no se lamentan ni avergüenzan de serlo y decirlo: en segundo lugar, porque no hay futuro de verdad para España si no se revierte a valores conservadores. La izquierda ya ha demostrado el daño que puede causar por no creer en ellos, pero a la derecha moderada –o ese llamado centro-reformista– no le va a venir la solución de nuestros problemas bebiendo de los principios socializantes ni reprimiendo constantemente sus instintos naturales. España no está para medias tintas, por desgracia.

Y ante los gracejos del té y del café, habría que recordar que el famoso "café para todos", que no el sublime té de las 5, es lo que ha acabado por romper el tejido nacional con una autonomías que no conocen límites en su gasto ni en sus ambiciones políticas.

Y así y con todo se critica a quien afirma que lo que España necesita, como medio mundo, es reencontrarse con su alma, redescubrir su identidad y defenderla. Té, café o chocolate es lo que menos importa. Lo que es vital es que la derecha acabe por encontrarse. Y a quien todo lo ve desde la más básica táctica electoral, recordarle cómo Sarkozy apelando a valores conservadores salió elegido presidente con un apoyo mayoritario y cómo David Cameron, huyendo de defender los suyos, por poco no llega a Downing Street. Por si lo único que interesase fuera llegar a La Moncloa.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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