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El espejismo europeo

Chirac cree que Europa puede aliarse con China contra Estados Unidos. Posiblemente, si llegara a pensarlo, Zapatero también. ¿Pero lo cree usted?

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Los europeos creen entender muy bien a la vieja América, pero a tenor de lo que se está escuchando ya con motivo del viaje del presidente norteamericano a Bruselas, sede tanto de la UE como de la OTAN, parecería que los líderes europeos, en su mayoría, no son conscientes de que se están enfrentando a unos nuevos estados Unidos, unos EEUU. a los que hay que mirar con nuevos ojos.
 
Para empezar se afirma que la visita de George W. Bush, con cena para Chirac, almuerzo con la OTAN y cena con la UE, se debe al reconocimiento americano de la importancia de la UE en la gestión de los asuntos del mundo. El discurso del canciller alemán en la pasada reunión de la Verhkunde en Munich, hace una semana, completamente salido de tiesto y reclamando un lugar especial para Alemania, en la ONU y en el mundo, es una buena prueba de cuanto decimos. Los europeos no han entendido que, efectivamente, cuentan con un poder de incordio, que son capaces de volver más difícil para América cuanto quiere impulsar en el mundo, pero que por sí solos son totalmente incapaces de modificar la determinación de Washington. El caso más palpable y reciente, Irak. Francia y Alemania, secundados por Bélgica y la España de Zapatero, han hecho todo lo que han podido para frustrar la estrategia americana. Pero, al final, lo que han obtenido es que los iraquíes logren la libertad a la que aspiraban a un mayor precio, sin su ayuda y con el agradecimiento sólo hacia unos pocos, comenzando por la América de Bush hijo. Al final, no han modificado el destino de Irak.
 
En segundo lugar, la Vieja Europa se permite la constante crítica y política de humillación hacia Estados Unidos porque confían, lo creen a pie juntillas, que son tan importantes para Washington que hagan lo que hagan, el vínculo trasatlántico nunca llegará a romperse. Por eso, cuando coman y cenen con Bush estarán dispuestos a decirle que su aproximación a la guerra contra el terror tiene que complementarse con la ayuda al desarrollo o a tener en cuenta las causas últimas del terrorismo; que las ambiciones nucleares iraníes son lícitas y comprensibles en el actual contexto y que sólo un acercamiento diplomático podrá dar con una salida razonable al problema; y que China es demasiado importante en un mundo multipolar como para mantener el embargo levantado tras la represión de Tiannamen. Qué más da que sean una dictadura comunista decrépita y explotadora.
 
Bush viene a Europa convencido por buenos atlantistas, como Tony Blair, quien confina en que a la mano tendida de América los europeos continentales no podrán más que corresponder con igual generosidad. Pero estos atlantistas tradicionales están equivocados. Lo bueno como lo malo del vínculo transatlántico se deriva de factores estructurales, no sólo de actitudes personales. En la medida en que dichos factores no van a cambiar tras 24 horas de entrevistas y ágapes, lo más lógico será que de esta visita sólo salga más frustración y resentimiento. En el lado europeo eso puede llevar otra vez a patrocinar abiertamente una alianza con los otros en ves de con Norteamérica; pero en el lado americano, las opciones son más claras y realistas y se dividen en a) dejar las cosas como están, olvidando a unos y otros e intentando sacar de la relación lo que dé de si; o b) desmantelar abiertamente el componente político y estratégico de la comunidad atlántica, puesto que el económico está en manos de las empresas e inversores privados. ¿Quién perdería más? Chirac cree que Europa puede aliarse con China contra Estados Unidos. Posiblemente, si llegara a pensarlo, Zapatero también. ¿Pero lo cree usted?

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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