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El eterno protagonista (y 2)

Moratinos pedalea sin parar hacia su desastre, confundiendo la realidad con su maraña de prejuicios ideológicos. No es el principal responsable de lo que está ocurriendo, pero sí el más prescindible

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Uno de los fenómenos políticos más llamativos del actual gobierno de Rodríguez Zapatero es la naturalidad con la que se miente, convencidos de que con su control de los medios de comunicación cualquier cosa vale.
 
La lectura de las entrevistas que Miguel Ángel Moratinos ha concedido a los periódicos El País y El Mundo deja a cualquier lector mínimamente educado perplejo. Es tal la osadía con la que se niega lo obvio, con la que se dice una cosa y su contraria, que llega a hacer dudar ¿Seremos nosotros los que estamos confundidos? Se afirma que las relaciones con Estados Unidos son buenas, cuando es evidente el malestar norteamericano por nuestro frívolo y cobarde comportamiento y las posibles consecuencias hacen que los nervios cundan en PRISA. Sin embargo, se acusa a Aznar de impedir una buenas relaciones al "enredar" en Washington.
 
Se hace gala de inexistentes conversaciones con dirigentes norteamericanos y de encargos que no son más que ensoñaciones moratinescas que jamás se harán realidad. Se culpa al omnipresente Aznar por el auge del antinorteamericanismo en España, después de que los portavoces socialistas negaran sistemáticamente su existencia –"estamos contra la política de Bush no contra Estados Unidos"–, cuando es evidente que se trata de un producto elaborado y administrado desde Ferraz y Gran Vía. Se proclama que con Aznar éramos vasallos pero que con Zapatero la relación se hará madura y más sólida, cuando ni nos cogen el teléfono ni reciben a nuestro embajador en los despachos de relieve. En un subidón de adrenalina nuestro entrañable ministro llega a proclamar que somos el aliado más importante de Washington contra el terrorismo, cuando la única realidad es que gracias a su brillante gestión sencillamente no somos, hemos dejado de existir para Estados Unidos y para los europeos.
 
Durante unos años vimos como España pasaba de ocupar un tercer nivel a subir un escalón y a participar en los procesos de toma de decisión como un actor relevante. Ahí están la Agenda de Lisboa o el Tratado de Niza, todo un acervo que deja bien claro cuáles eran nuestra vocación y nuestro compromiso con una Europa próspera y competitiva. Ahí nuestra relación preferencial con Estados Unidos. Ahí nuestro papel de relieve en América Latina y el Mundo Árabe, defendiendo la democracia liberal y las economías abiertas. Moratinos niega la mayor, entre otras cosas porque confunde buenas relaciones con granjearse la simpatía de comunistas, bolivarianos o peronistas, aunque sea a costa de los intereses de nuestras empresas. Nuestro objetivo nunca puede ser ese, sino el respeto a España y la defensa de los valores democráticos, exactamente lo contrario de lo que nuestro Ministerio busca a día de hoy.
 
El problema de la mentira es que una llama a otra, cada vez la envergadura debe ser mayor y el compromiso de los medios para darle credibilidad y ocultar las evidentes contradicciones y falsedades tiene que crecer hasta niveles insoportables. Hasta los intereses de las empresas del sector tienen sus límites. Moratinos pedalea sin parar hacia su desastre, confundiendo la realidad con su maraña de prejuicios ideológicos. No es el principal responsable de lo que está ocurriendo, pero sí el más prescindible.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos

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