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El Irak de Zapatero

Irak ha sido una bendición del cielo para Zapatero, todo un record como vaca proveedora de toda suerte de leches políticas, pero en un mundo finito, y en otro él no parece creer, contamos con que todo se acabe.

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Irak ha sido una bendición del cielo para Zapatero, todo un record como vaca proveedora de toda suerte de leches políticas, pero en un mundo finito, y en otro él no parece creer, contamos con que todo se acabe. Con o sin su estímulo, sus admiradores y partidarios deben pensar que no ha llegado todavía el momento y han decidido probar una vez más a ver si la ubérrima ubre del conflicto iraquí mana todavía algún nutriente izquierdista y convocan a los suyos para tapar la malhadada excarcelación del etarra (¿no podía Otegi haber pedido el valle de Arán, que lleva un nombre tan vasco como el del fundador Arana?) a costa de abandonar a los pobres iraquíes que son asesinados a mansalva, no como las víctimas de De Juana, que nunca pasaron de doce de una vez.

Lo de abandonar no es más que un decir, porque jamás se preocuparon por ellos sino por quienes los sacrifican cual corderillos en pascua islámica. Optaron siempre, y ahora lo ratifican, por los matarifes a quienes siempre han exaltado como a heroicos resistentes que luchan contra los invasores que vienen a robarles las arenas del desierto, porque lo del petróleo cuesta cada vez más venderlo, gasolineras aparte, y ya sólo se lo creen los que lo creen todo, como eso de que después del atentado de la T-4, perdón, accidente, el gran jefe cortaba con ETA o como eso otro de que el retorno al dulce hogar y patria querida del famélico huelguista es un acto humanitario. Igual cuando se recupere dice que a año por muerte no le importa otros dos más de Chirona pero que le va otro par de actuaciones patrióticas.

Así que manifestación por la paz en Irak, que no consiste en acabar con los que guerrean contra civiles desarmados sino en facilitarles el camino de la victoria. No deja de estar mal visto. También de ese modo se puede conseguir la paz. Y vuelta a empezar. Los que hacen la convocatoria en Sevilla se han dejado arrastrar por el arrebato y piden la retirada de todo lo retirable también de Afganistán, Palestina, Líbano y, por si acaso, dejan en suspensión tres puntos bien marcados.

Luego vuelven a la carga. "Ninguna acción militar contra Irán", que un caprichito nuclear para los ayatolas no va a ninguna parte, y menos, a lo que parece, contra los principios y sensibilidades del pacifismo integral. Al fin y al cabo los misiles islámicos ya casi nos alcanzan y no conviene contrariarlos, que Ahmadinejad es uno de los pocos amigos que le quedan a Zapatero por ahí afuera. Redondean su desiderata los seráficos sevillanos con la disolución de la OTAN. La moderación salta a la vista, no piden la de los ejércitos.

Zapatero no promete su comparecencia. Si la cosa no enardece los ánimos de los corazones izquierdistas espera que su oculta mano se salve de la quema, como se salvó, y de qué modo, cuando prometió que retiraría las tropas de Irak si llegaba al poder. Si sabía que nuestra presencia nos ponía en peligro alguien podía interpretar la promesa como una petición de ayuda. Luego, claro está, no lo sabía, porque de haberlo sabido no la hubiera hecho. De sabios es equivocarse.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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