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El problema sirio

Israel ha visto con inmenso recelo lo que sucede al otro lado del Golam y en todo el mundo árabe. Democracia sí, pero el islamismo no es el caso

GEES
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La intervención militar está descartada, simplemente porque nadie la quiere. El por qué es una historia bastante larga y prolija. Una respuesta rápida es que no es viable si Estados Unidos no la encabeza y pone la mayor parte de los medios bélicos. Sigue quedando de lado el por qué no americano.

Está Israel. El país ha visto con inmenso recelo lo que sucede al otro lado del Golam y en todo el mundo árabe. Democracia sí, pero el islamismo no es el caso. El régimen de los Assad en Damasco es un enemigo peligroso que actúa por poderes sobre el Hézbola  libanés y el Hamás palestino de Gaza, y por delegación de Teherán. Pero también los contiene y nunca se lanza directamente. Más vale lo malo conocido. De todas formas, el más leve movimiento de Israel será utilizado en su contra. Mejor quieto. Israel no cuenta.
 
Está Turquía, deseosa de ponerse al frente de mundo suní, y anotarse un voluminoso tanto en la pugna con Irán por la hegemonía regional. Turquía, con el apoyo activo de los árabes sí tiene la potencia necesaria, pero es una tentación demasiado arriesgada que podría prender una enorme hoguera en todo el Oriente Medio, posiblemente con Rusia e incluso China aportando yesca al incendio. Una vez más, muy difícil sin Estados Unidos.
 
Todos y cada uno de los casi 70 países que se reúnen en Túnez para tratar el tema sirio están dominados por la preocupación del más que problemático después. Pero el punto al que han llegado las cosas para casi todos los participantes es que a pesar de las azarosas incertidumbres del cambio, el mantenimiento del régimen actual representa una tremenda derrota para demasiados. Cada vez resulta más claro que esto es lo único seguro y que por lo tanto la tarea de todos los interesados es implicarse activamente en preparar la transición de forma que sea lo menos negativa posible.
 
Por otro lado esta posición va de la mano de la idea de que a estas alturas el tiempo trabaja en contra del sistema. Sus fuerzas, todavía muy superiores a las de sus enemigos internos, están en continua erosión. Los que han resistido hasta ahora, resistirán hasta el final con una modesta pero creciente ayuda exterior, a no ser que Damasco recurra a medios de represión masiva, lo cual le resulta cada vez más difícil y contraproducente. Lleva una par de semanas haciéndolo en Homs y ya ha arrasado un barrio conocido por su militancia suní. Es una escalada en brutalidad, pero en la que sólo se ha atrevido a subir los primeros peldaños. Que la balanza puede empezar a inclinarse en contra del régimen no hace más que dar pábulo a sus enemigos y amedrentar a sus partidarios. Es sumamente significativa la ruptura o al menos desvinculación de Hamas con el régimen. Si éste se perfila como perdedor, Putin tendrá que repensar su apoyo, en lo que los chinos pueden precederle. Nos acercamos al punto de inflexión.

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