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El terrorismo devaluado

convendría preguntarle qué está haciendo para evitar que unos desalmados, con 6 mil dólares en sus bolsillos, nos maten de nuevo a 200 personas

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El gobierno Zapatero sigue dando pruebas de decir una cosa y lo contrario sin rubor alguno. Ahora, por ejemplo, el flamante ministro de asuntos exteriores, Miguel Angel Moratinos, declara a la prensa que piensa crear una unidad especial en su departamento específicamente dedicada a la lucha contra el terrorismo. Lo que no dice es que dicha unidad ya existía bajo el gobierno de Aznar y que él mismo ordenó desmantelar cuando Zapatero acabó instalado en La Moncloa. Moratinos también dice que Europa debe prepararse para una contingencia mayor de un ataque terrorista, cuando hasta ahora la asunción del gobierno socialista era que el 11-M se debió a la política de Aznar y que, una vez librados del anterior jefe de gobierno, poco o nada teníamos que temer del terrorismo islámico. Debe ser la influencia francesa, toda vez que el país vecino se ha movilizado a causa del secuestro de sus dos nacionales en Bagdad.
 
Paralelamente, el actual gobierno ha recibido con mil amores el informe de las Naciones Unidas sobre la financiación de atentados terroristas y en el que se estima que el 11-M costó la increíblemente baja suma de 8.532 dólares. A los socialistas eso le parece la mejor prueba de que cualquiera puede cometer una atrocidad semejante sin que esté necesariamente vinculado a la red de Al Qaeda. Pero se equivocan. Esa cifra no es creíble ni seria, sencillamente. Se ha calculado según el coste de los materiales empleados el fatídico día, pero no se ha tenido en cuenta la fase de preparación del ataque en Madrid. De acuerdo con la metodología usada, el 11-S habría costado menos de 6.000 dólares, el coste de los billetes de los 19 secuestradores y la noche de hotel previa para algunos de ellos. Pero sabemos que la fase de preparación fue exigió mucho más recursos que la propia ejecución. La comisión bipartidista coincide con el FBI en cifrar el coste en medio millón de dólares. En cualquier caso, una cifra ridículamente baja en comparación con el daño causado.
 
Al gobierno socialista le viene bien pensar en un fenómeno de terrorismo espontáneo, sin conexiones con el exterior por muchas razones. Para empezar cuadra muy bien con su visión de los terroristas como simples criminales, a los que oponer la acción policial. Por otro lado, exime de una acción exterior más enérgica, puesto que la autofinanciación de las células terroristas es factible. Pero incluso en un atentado tan barato como el 11-M, se sabe ya de las múltiples conexiones de los terroristas con otros homólogos en el extranjero. Y cabría preguntarse por la formación de cada uno de ellos y quién la pagó.
 
Suele decirse que el terrorismo moderno se ha separado de los Estados, en una nueva fase de este fenómeno. Sin embargo, ni siquiera las arcas de Bin Laden podrían administrar la red que ha creado si no recibiera una notable cantidad de dinero que se genera y canaliza desde los ricos estados del Golfo, comenzando por Arabia Saudí. Además, basta ver el ejemplo de Afganistán para comprender que una red de terrorismo tan extensa como Al Qaeda requiere de santuarios geográficos concretos para canalizar y entrenar el flujo de sus nuevos miembros. De ahí que el apoyo de determinados estados siga siendo muy importante, sino vital, para el terrorismo global. Pero, claro, eso no lo quiere ver Moratinos ni Zapatero porque conllevaría algún tipo de acción a escala internacional y no sólo la de algún juzgado de instrucción de Madrid. Al gobierno le viene de perillas la imagen de un terrorismo devaluado porque le permite seguir ausente de la escena internacional. Con todo, convendría preguntarle qué está haciendo para evitar que unos desalmados, con 6 mil dólares en sus bolsillos, nos maten de nuevo a 200 personas.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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