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Elecciones en Irak

Ni siquiera la totalidad de los suníes, que representan menos del 20% de la población, sigue las consignas de sus radicales políticos o religiosos

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Estamos a cuatro semanas de las elecciones en Irak para una asamblea constituyente que también habrá de designar un gobierno provisional, hasta que la Constitución se ponga en marcha. Hoy mismo, 2 de enero, Adnan Pachachi, importante líder suní proamericano, en el New York Times, vuelve sobre el tema del aplazamiento de los comicios.
 
Probablemente la cuestión se mantendrá abierta hasta el último momento. Los americanos y el gobierno interino de Bagdad se mantienen firmes en su propósito de no modificar la fecha. Hay que tomarlo como una apuesta, y bien arriesgada por cierto. La apuesta versa sobre la voluntad de sacrificio de la los distintos sectores de la población iraquí. El pasado 6 de octubre hubo afganos que antes de salir hacia el colegio electoral efectuaron el ritual que prescribe el Corán ante la muerte. Muchos caminaron horas por la nieve y estuvieron en interminables colas, expuestos a los ataques que los talibán había amenazado. El deseo de votar resultó arrollador.
 
¿Será algo parecido en Irak? La realidad es que en importantes zonas del país los riesgos son mucho mayores porque la fuerza de los extremistas suníes es muy superior a la de los talibán y sus aliados de al Qaida. Está fuera de duda que una gran parte de la población quisiera votar. Los chiíes porque son mayoritarios y creen que ha llegado el momento de gobernar el país, los kurdos porque desean consolidar su autonomía. Ni siquiera la totalidad de los suníes, que representan menos del 20% de la población, sigue las consignas de sus radicales políticos o religiosos.
 
Mucha importancia se le ha dado a la deslegitimación que supondría el abstencionismo de la comunidad suní. Frente a una participación del 70% o más ese sería una cuestión importante pero no esencial, en la medida en la que podría quedar abierta a una solución más adelante. El problema es que los paramilitares tienen ciertamente la voluntad y probablemente la capacidad de intimidar a sectores mucho más amplios que su propia comunidad y no sólo por los riesgos en las proximidades de las urnas, sino también por las amenazas de represalias asesinas a posteriori.
 
La importancia que los extremistas suníes atribuyen al fracaso de las elecciones, su objetivo absolutamente prioritario, es una medida de lo que cabe esperar de las mismas en el agónico proceso de estabilización de Irak. La inversa es igual de cierta. Si el terror bloquea las elecciones no sólo en la práctica totalidad del triángulo suní, sino también en grandes zonas de Bagdad, Kirkuk y Mosul, y consigue reducir la participación en áreas importantes del resto del país la apuesta se habría prácticamente perdido. Cabe esperar que la apuesta se mantenga hasta el último minuto y entonces se decida en función de las circunstancias.
 
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos

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