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Elecciones en Irak

Aplazar las elecciones por el clima de violencia que están generando los terroristas es concederles una victoria más que significativa

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La violencia desatada en Irak por los terroristas y seguidores de Saddam sólo tienen un objetivo: que no se puedan celebrar las primeras elecciones generales en las que el pueblo iraquí pueda expresarse con libertad. Ellos, por razones distintas, han hecho su apuesta por un a sociedad del miedo que no puede permitir que nadie en Irak se sienta confiado y seguro para expresar sus más íntimas convicciones políticas. Precisamente por ello es tan necesario que las elecciones convocadas para el próximo 30 de este mes lleguen a celebrarse.
 
Hay voces que argumentan que las condiciones no son las más favorables para unas elecciones libres. Y, en parte tienen razón. No pueden ser tan libres como en otros países, al igual que en el País Vasco no todas las opciones políticas gozan de la misma tolerancia y libertad. Cabe decir dos cosas al respecto: la primera de índole histórica. No siempre las elecciones son el resultado de un clima de paz  o de la fortaleza institucional de la democracia. El Salvador en los 80 o Colombia en los 90 dan prueba de que lo contrario es posible. Al igual que ha sucedido en Afganistán hace pocos meses. Es posible prever que la celebración de elecciones altere la dinámica interna de Irak, arrumbe aún más al terrorismo y afiance la senda constitucional de ese país.
 
La segunda es de índole práctica: normalmente se habla de Irak y de iraquíes sin distingo y nada hay más alejado de la realidad. Por ejemplo, si se mira al mapa detallado de Irak, se tiene que reconocer que de las 18 provincias que componen el país, en 13 la convivencia diaria está normalizada y se vive pacíficamente y que sólo en cinco se producen la mayoría de ataques y atentados. Así y todo, en gran parte de estas provincias la violencia está relativamente localizada y las bolsas de terror conviven con zonas de tranquilidad.
 
Es más, se suele tender a pensar que las listas electorales están rígidamente compartimentadas según las etnias o religiones que conforman el país. Pero cuando se analizan las alternativas de las 200 listas que agrupan a 7200 candidatos, sólo cabe deducir el gran esfuerzo que han realizado por integrar a personas de diversa procedencia. Cuando árabes, kurdos, musulmanes (sunníes y shiís), turcos, cristianos y candidatos de las minorías Yazeedi y Subí se agrupan en opciones conjuntas es porque piensan que mucha gente en Irak prefiere sostener y apoyar una nación unida a un país dividido según líneas inflexibles y religiosas.
 
Pero lo principal, a pesar de todas las dificultades, es que pro primera vez en la historia de Irak los políticos necesitan contar con el beneplácito de sus seguidores. Tiene  que convencerles y tienen, por tanto, que escucharles y hacerle sentir que estarán bien representados por ellos. Eso es el comienzo de una sociedad que vive en libertad. Que no se somete al chantaje del terrorismo lo prueba el gran número de candidaturas y que en el conjunto del país la campaña electoral se vive con intensidad. Aplazar las elecciones por el clima de violencia que están generando los terroristas es concederles una victoria más que significativa, pues a partir de ese momento sabrían que sólo ellos controlan la agenda política de Irak. Es verdad, las condiciones están lejos de ser ideales, pero no es menos cierto que la misma celebración de los comicios conlleva promesas de un futuro mucho mejor para Irak.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos

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