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En sentido contrario

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El Gobierno español va a enviar al Parlamento una nueva Ley de Criterios Básicos de la Defensa Nacional que supedite el envío de tropas al exterior a la autorización previa del Parlamento. En sentido justamente contrario, el roji-verde Gobierno alemán ha enviado al Bundestag una Ley que flexibilice el control parlamentario sobre la presencia de tropas alemanas en misiones internacionales. Parece que el gobierno Zapatero camina en cuestiones de seguridad en dirección contraria a la que marcan sus socios europeos y a lo que dicta el sentido común.
 
El contexto estratégico actual exige una capacidad de actuación militar cada vez más inmediata. Así lo ha interpretado la Unión Europea al poner en marcha la creación de unos batallones de despliegue inmediato que deberán estar sobre el terreno en conflicto en un plazo máximo de diez días. Pero un despliegue de este tipo exige no sólo disponer de las fuerzas y los medios de proyección para hacerlo factible, exige también disponer de un mecanismo de toma de decisiones que permita generar la voluntad política de forma casi instantánea. Algunas de estas operaciones pueden requerir además un sigilo en su preparación que se compatibiliza mal con un previo debate parlamentario. Este es el sentido de la reforma en Alemania.
 
El Gobierno socialista no va, por tanto, a promover este mayor control parlamentario de las misiones internacionales de nuestras Fuerzas Armadas buscando una mayor seguridad para los españoles. Tampoco creemos que la reforma sea consecuencia de la convicción democrática del PSOE. En realidad, los socialistas buscan en el parlamento una manera de rehuir sus responsabilidades constitucionales como Gobierno.
 
El PSOE logró el gobierno sobre la base de dos presunciones falsas. La primera es que el uso de la fuerza militar jamás tiene justificación, aunque lo avale una resolución del consejo de Seguridad de Naciones Unidas. La segunda es que la mayor implicación de España en la escena internacional nos había llevado a asumir un riesgo inaceptable que se materializó el 11-M. Ahora el nuevo Gobierno es rehén de sus previas mentiras. Para escapar de ese encierro ideológico, incompatible con cualquier acción sensata de Gobierno, el PSOE busca amparo y protección en una Oposición que es a su vez presa de su elevado sentido de Estado y de la alta consideración de su propia responsabilidad histórica. Se trata, en definitiva, de diluir las responsabilidades y trata de eludir los costes electorales que puede implicar cualquier acción militar para un Partido esencialmente pacifista como se ha convertido el PSOE de Zapatero.
 
El Gobierno recuerda así a esos conductores noveles que se meten por equivocación en el sentido contrario de una autopista pero que son incapaces de cambiar la dirección a causa del pánico. El Gobierno sigue avanzando de esta forma en una senda de pacifismo fundamentalista sin darse cuenta de que el sentido estratégico y sus propios socios van en dirección contraria. Ahora pretende además que el Parlamento asuma la póliza de seguros de todas sus maniobras. Y ese mecanismo imposibilita nuestra participación en algunas operaciones importantes, aún mejor para un Gobierno que tan sólo aspira a jugar en segunda.

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