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En torno al mandato

Los dioses castigan a los mortales satisfaciendo sus deseos. Parecemos sorprendidos de haber conseguido más de lo que nos proponíamos y ahora hay que rebajarlo.

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De Hillary a Gates, pasando por el comandante en jefe de OTAN ante el comité de Exteriores del Senado y un largo etcétera, ha sido pública y universalmente reconocido que nos metíamos en una guerra sin saber quiénes eran los del bando que apoyábamos. La cosa es algo más confusa, porque oficialmente no apoyamos a ningún bando, pero malamente se puede conseguir el objetivo humanitario de la resolución 1973 sin derrotar a los gubernamentales, y ¿cómo puede eso lograrse sin la victoria del bando rival? Claro que tampoco es posible sin que se vaya Gadafi, según reiteradas declaraciones públicas de Obama, Sarkozy y Cameron, pero Obama ata las manos de la coalición interpretando que el mandato excluye esa ayuda partidista como objetivo de la acción bélica, cuando lo único que excluye es una ocupación militar, lo que deja un amplísimo margen para todo lo demás, siempre que desemboque en lo humanitario, como por ejemplo tropas que entren y se vayan sin ocupar nada.

Sin embargo, se da curiosamente por supuesto que las "botas sobre el terreno" están rigurosamente prohibidas, otra manera de atarse las manos, o más bien los pies, pero en preparación de lo que pueda pasar se filtra a la prensa que comandos americanos y británicos estaban ya en Libia antes de que llegaran las bendiciones del Consejo de Seguridad, lo que tiene todo el sentido militar del mundo y explica la extraordinaria precisión de los bombardeos iniciales, inalcanzable en muchos casos sin que haya in situ señalizadores de blancos. También hay noticias de que los planificadores militares no dejan de tomar en cuenta la posibilidad de tener que realizar alguna operación terrestre –como es de esperar de cualquier estratega sensato– pero el secretario de Defensa americano declara que eso no sucederá estando él en el puesto. Lo que está bastante mal visto en los Estados Unidos, porque su deber es asesorar en privado al comandante en jefe, con la libertad de dimitir si lo estima oportuno, pero no amenazar al presidente con un explícito "por encima de mi cadáver político", lo que por lo demás resulta muy impropio de un personaje de acreditada prudencia y disciplina.

Así que hemos conseguido un texto mucho más amplio que lo que proponían los árabes, la nuda zona de exclusión aérea, y lo que cabía esperar de rusos y chinos, que era un rotundo no. Los dioses castigan a los mortales satisfaciendo sus deseos. Parecemos sorprendidos de haber conseguido más de lo que nos proponíamos y ahora hay que rebajarlo. Lo que si se atiene a la letra del documento es la advertencia a los rebeldes de que si son ellos los que atentan contra los derechos humanos, será ellos los bombardeados. De hecho lo primero se da, porque así son las guerra y revoluciones, pero lo según sólo por accidente. Finalmente se discute si armarlos o no. Si lo hacemos un poquito y conseguimos el empate entre rivales, el mandato será de "mantenimiento de guerra".

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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