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¿Es Gibraltar el ombligo de España?

Interponiendo Gibraltar a nuestros intereses estratégicos vitales, Garcia-Margallo le está haciendo un flaco favor a nuestro país. Por bien intencionado que se crea.

GEES
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Desde bien pronto, el ministro de exteriores español, García-Margallo puso a Gibraltar en el centro de su agenda exterior. Arrancó con aquel saludo a un europarlamentario británico de "Gibraltar, español", al más puro estilo franquista de Castiella, y siguió haciendo declaraciones sobre el asunto a quien le quisiera escuchar. El presidente del Gobierno y el Gobierno en pleno parecen satisfechos con su actitud.

La prensa en su conjunto también ha recibido con buenos ojos la reivindicación nacional, arrojando más leña al fuego. Sólo ha quedado por pedir el cierre de la verja y las multitudinarias manifestaciones contra Londres tras el veto gubernamental a la presencia de la reina en la celebración del jubileo de Isabel II.

¿Pero realmente pensamos los españoles, con el equipo dirigente a la cabeza que Gibraltar es el tema más acuciante de cuanto nos rodea en este mundo? ¿De verdad creemos que podemos resolver el asunto con unas cuantas salidas de tono? José María Aznar una vez dijo que Gibraltar sería español cuando se cumplieran una de las dos siguientes circunstancias: que España fuera más fuerte que el Reino Unido o/y que Londres hubiera perdido todo interés por su colonia. ¿Han cambiado las circunstancias y se cumplen esas condiciones? La respuesta es no.

Tal vez pueda causar una cierta satisfacción que el premier británico, David Cameron, haya pedido verse a solas con Mariano Rajoy y poder explicar esta iniciativa por el apasionamiento de Margallo. Pero es una satisfacción verdaderamente infantil. Por una tan sencilla como buena razón: posiblemente el Reino Unido sea el aliado natural que España necesita en el actual contexto. Cierto, Alemania aparece sobre el horizonte como la nación que todo lo puede en lo económico y, por tanto, que todo manda sobre nuestro destino. Pero porque a Alemania nos sometemos por nuestra dependencia, esto es, por vulnerabilidad propia, a Londres nos debiéramos acercar para hacernos más fuertes, cosa que en política internacional siempre es de agradecer.

El Reino Unido y España comparten más cuestiones estratégicas que lo que España lo hace con Alemania. Ambos contamos con una clara vocación atlántica que se manifiesta, hoy por hoy, en una casi automática solidaridad con los Estados Unidos y en las operaciones de la Alianza Atlántica. Cosa que no se puede decir de la Alemania de Merkel, inspirada por sus intereses más a corto plazo y claramente volcada en dotarse de una autonomía de acción exterior que la lleva a orientarse hacia el Este, no el oeste de Europa y mucho menos el Mediterráneo.

El Reino Unido y España comparten una misma preocupación por la radicalización de sus inmigrantes de origen musulmán y la misma voluntad de que los cambios en el Norte de África no se tuerzan aún más. Algo que para Alemania queda muy en segundo plano.

En fin, el Reino Unido y España comparten la misma vía para salir de la actual crisis porque además de las políticas a adoptar, están más cerca en su estructura económica y financiera entre sí que de la base industrial germana.

La visión global sobre los problemas del mundo es también más próxima. Corre a lo largo del Meridiano de Greenwich, no de un imaginario eje Madrid-Berlín que de llegar a fraguarse sería tan desequilibrado que no sería un eje.

Desgraciadamente la España de Mariano Rajoy está sola como producto de los años de ZP y de tradiciones en nuestras líneas exteriores que todavía pesan. Pero precisamente por eso es necesario forjar nuevas alianzas con aquellas naciones que más nos puedan aportar a la vocación exterior, marítima y global de España.

Interponiendo Gibraltar a nuestros intereses estratégicos vitales, Garcia-Margallo le está haciendo un flaco favor a nuestro país. Por bien intencionado que se crea.

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