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Escorpión del desierto

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Estados Unidos está ejecutando la operación más importante desde el final de la guerra en Irak. La operación “Escorpión del Desierto” tiene un doble objetivo. Por un lado, terminar con los restos del régimen de Sadam Husein que hayan sobrevivido a la guerra. Por otro, detener el goteo de muertes a las que hacen frente las tropas de la coalición, más de cincuenta en este mes de mayo.

Los efectos estratégicos de la operación en Irak han sido más positivos de lo que inicialmente podía pensarse. Tras el conflicto, los Estados Unidos se han comprometido firmemente con la pacificación de Oriente Medio y a pesar de las enormes dificultades del proceso, hay al menos un horizonte sobre el que trabajar. Las revueltas estudiantiles en Irán tienen algo que ver con las perspectivas que la invasión angloamericana de Irak puede haber abierto en su vecino. No es descartable que en ese país pueda producirse una evolución hacia la libertad. La propia Siria parece haber entendido el mensaje y muestra una actitud más colaboradora en la lucha contra el terrorismo que habrá que verificar y vigilar.

Pero en el interior de Irak persisten las dificultades. Por un lado, la resistencia de elementos residuales del entorno de Sadam Husein. Por otro, el riesgo, de radicalización religiosa de los chiíes en el sur, alentados por el fundamentalismo iraní. Este segundo frente parece estar controlado por el momento. Una mayoría de los chiítas de Irak no se identifica con el régimen teocrático de Teherán.

La resistencia de los fieles a Sadam Husein, combinada con la presencia de terroristas venidos de otros países árabes, está generando sin embargo más problemas. El riesgo es que la opinión pública estadounidense se fatigue de este conflicto residual o que el Ejército reaccione con excesiva virulencia, generando en la población el efecto acción-reacción que buscan los terroristas.

En este contexto, el despliegue de una fuerza multinacional que garantice la estabilidad y la seguridad dentro de Irak se está retrasando. Los gobiernos aliados, incluido el español, no parecen tener mucha prisa por desplegar sus tropas en la situación de inseguridad actual. Sin embargo, esa misma inestabilidad es la que hace más urgente el despliegue de nuestras fuerzas. Nos estamos jugando no sólo la posibilidad de una transición exitosa en Irak, sino la estabilidad de toda la zona. No es momento para la estrechez de miras o dejarse llevar por los egoísmos nacionales.

GEES: Grupo de Estudios Estratégicos.

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