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Espejismos

La incompetencia de los ayatolás en la administración del Estado y el supuesto rechazo popular a su gestión ha despertado en muchos la idea de que la dictadura fundamentalista impuesta por Jomeini se derrumbaría sola

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Tan obvio es que Irán supone una amenaza, con programa nuclear o sin él, como que la opción militar convencional está descartada. El coste de tratar de invadir una nación de casi setenta millones de habitantes resulta excesivo para aquellos que podrían hacerlo e imposible para los demás. Puesto que la voluntad de los ayatolás en seguir adelante con su política de difusión del islamismo, de financiación y apoyo al terrorismo y de desarrollo de un programa nuclear con fines militares, muchos en Occidente han buscado alternativas al uso de la fuerza para cambiar el rumbo del país. Posiblemente fue la CIA quien primero subrayó la idea de que la mejor opción era dejar hacer a los propios iraníes.

La sociedad iraní es de las más desarrolladas de la región. El nivel cultural es elevado y los valores occidentales están muy presentes en las zonas urbanas. Tras las formas impuestas por el clero chiíta sobrevive una sociedad moderna y abierta, que se expresa libremente de puertas adentro. Los estudiantes han sido la vanguardia de estos sectores y quienes más han denunciado la falta de libertades y la corrupción del régimen. La incompetencia de los ayatolás en la administración del Estado y el supuesto rechazo popular a su gestión ha despertado en muchos la idea de que la dictadura fundamentalista impuesta por Jomeini se derrumbaría sola, como consecuencia del socavamiento realizado por las fuerzas del interior. Todo lo que nosotros deberíamos hacer es ayudar a estos movimientos y evitar provocar con nuestras declaraciones reacciones nacionalistas, que reforzarían la posición de los actuales gobernantes.

En este contexto una intervención militar aislada, destinada a poner fin al programa nuclear, tendría consecuencias desastrosas, pues desataría una reacción popular en contra de la injerencia extranjera, que sólo podría favorecer los intereses de los ayatolás.

¿Está bien fundada esta estrategia? Todos los especialistas en Irán reconocen el alto desarrollo de esa sociedad y el relativo aislamiento en que se encuentran los ayatolás, pero no resulta evidente que esas fuerzas modernizadoras estén en condiciones de provocar un cambio de régimen. Los ayatolás han aumentado la represión, han convocado unas elecciones poco fiables a las que sólo se han podido presentar los candidatos que contaban con su visto bueno y las ha ganado un extremista. Controlan plenamente la situación y no parecen preocupados por la desestabilización de su régimen.

En el hipotético caso de que los ayatolás perdieran el poder y una democracia se impusiera, es muy probable que los nuevos gobernantes pusieran fin a las ayudas a los grupos terroristas y a los medios de comunicación que difunden el credo islamista por todo el planeta. Pero, ¿qué pasaría con el programa nuclear? No tenemos una respuesta definitiva para una sucesión de hipótesis, pero muchos temen que este programa sea ya más una causa nacional que islamista. Un programa nuclear militar iraní en manos democráticas tendría unos efectos similares, aunque no idénticos, a los que ya está provocando el dirigido por los ayatolás. Para el conjunto de los estados de la zona supondría una amenaza, de distinta forma y grado según cada país. Israel trataría de paralizarlo y los restantes de emularlo.

La causa de los derechos humanos es justa y sensata en cualquier país del planeta. Debemos ayudar a los iraníes a ser libres y a establecer una democracia que garantice el ejercicio de sus derechos y el bienestar económico y social, pero no nos engañemos. Un Irán democrático dotado de armamento nuclear sería un elemento de desestabilización en toda la región, que no resolvería necesariamente la crisis actual.

La peor estrategia es aquella que renuncia a la realidad y sólo trata de justificar las propias carencias. Bien está que ayudemos a la oposición democrática, pero no perdamos de vista el núcleo del problema. Si Irán accede al armamento atómico la región entrará en una fase aún más delicada y los esfuerzos para contener la proliferación de armamento de destrucción masiva habrán sido en vano.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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