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Esperando a Bush

El canciller alemán es un personaje demasiado conocido como para tomar en serio sus palabras. Es un táctico que se mueve en el corto plazo y que carece de principios más allá de lograr una nueva victoria electoral

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No era para menos. La lectura el pasado sábado del discurso del canciller Schroeder en la cumbre anual de Munich tenía la enjundia y el contenido suficiente como para atraer la atención de la comunidad atlántica y provocar el previsible debate. Y eso que el canciller no pudo estar presente por su ya famosa gripe. A todos cogió por sorpresa; pocos parecieron entender plenamente el mensaje, como la diplomacia alemana se ha encargado de repetir con posterioridad; y es más que previsible que durante mucho tiempo hagamos referencia a esta intervención, precisamente en unos de los foros más selectos y tradicionales de la comunidad atlántica.
 
Las crónicas de la prensa internacional, firmadas por corresponsales del más alto nivel especialmente destacados para seguir una reunión que nunca decepciona, han insistido en una idea: el canciller reconoce que la Alianza Atlántica está asentada sobre principios que no se corresponden a los problemas de seguridad reales, por lo que se hace necesaria una reforma en profundidad. Una afirmación que pone en solfa todo el proceso de reorganización en marcha, lo que no gustó nada ni al secretario de Defensa norteamericano ni al secretario general de la OTAN. Vaya por delante que ambos son perfectamente conscientes de que la Alianza está moribunda y de que los programas en marcha apenas si podrán resolver tan penosa situación.
 
Sin ánimo de ser exhaustivos el texto merece un comentario pormenorizado, por lo menos de algunas de sus ideas.
 
1. El mundo no se puede dividir, es pequeño y lo que pasa en un lugar nos afecta a todos. Una idea que durante años la diplomacia alemana ha negado y que, de hecho, con sus actos sigue rechazando. Su reconocimiento y la proclamación de que Alemania está dispuesta a asumir sus responsabilidades en la gestión de los retos de seguridad internacionales, afirmación hecha entre los viajes de Rice y Bush, debe valorarse cuidadosamente.
 
2. El uso de la fuerza no es suficiente para combatir el terrorismo. Luego el uso de la fuerza es útil en determinadas circunstancias. Para hacer frente a los nuevos retos de seguridad hay que actuar sobre sus causas. No sobre “las causas del terrorismo”, expresión tan querida por Zapatero & Moratinos, sino sobre las causas que llevan al desarrollo de movimientos radicales. El camino es el enunciado por Bush con su doctrina de Transformación del Amplio Oriente Medio. Una afirmación muy apropiada cuando el presidente norteamericano está próximo a llegar y hay que preparar un nuevo marco de entendimiento.
 
3. El vínculo transatlántico es tan importante ahora como lo fue hace cincuenta años. El futuro de nuestra seguridad depende de él. Una hermosa afirmación hecha por quien hace dos años, en compañía de Chirac, anima a los europeos a sumarse a una gran alianza antinorteamericana, en compañía de China y Rusia, dando a entender que nuestro principal problema era el hegemonismo yankee.
 
4. Los retos a nuestra seguridad están fuera del territorio de cobertura del Tratado de Washington, por lo que debemos mentalizarnos para actuar allí donde sea necesario, previniendo crisis mayores. Una idea que la Administración Clinton planteó durante la redacción del Concepto Estratégico de la OTAN de 1999, que encontró el apoyo de algunos dirigentes europeos, como José María Aznar, y que fue rechazada por un grupo de países encabezados por Alemania. Posteriormente, en la famosa Cumbre de Praga, los rebeldes aceptaron su error y las “intervenciones fuera de área” pasaron a ser una posibilidad admitida por la Alianza. Bien está que el canciller se haga valedor de un principio que combatió en los años Clinton.
 
5. La Alianza descansa sobre principios anacrónicos. Es necesaria una revisión en profundidad, pero carecemos de ideas claras sobre cómo enfocarla. Schroeder sugiere la formación de un High Ranking Panel of Independent Figures, que presenten una propuesta a los miembros de la Alianza Atlántica y de la Unión Europea a principios de 2006. Tiene razón el canciller en que la Alianza carece de norte, pero el problema es de fácil diagnóstico. No quisieron escuchar a Clinton y Albright, porque les planteaban la necesidad de asumir que el mundo era global, que había que actuar fuera de área y que la proliferación, los rogue states y el terrorismo eran amenazas serias a las que había que hacer frente. Optaron por el aislamiento, temerosos de verse empujados por EE.UU. a campañas lejanas. Tras el 11-S rechazaron la revisión estratégica de Bush por razones semejantes, cuando no tentados por el ejercicio del contrapoder, y ahora se encuentran con que hasta estudios técnicos realizados por Naciones Unidas aceptan el principio de la “acción anticipatoria”. Si los europeos hubieran estado a la altura de las circunstancias, si hubieran entendido y asumido los cambios que se estaban desarrollando en el entorno estratégico, si no hubieran sido cobardes, el vínculo trasatlántico estaría vivo y no sería necesario ningún panel.
 
6. Los procesos electorales y de reconstrucción política en Afganistán, Iraq y Palestina, así como el proceso de paz entre Israel y Palestina son importantes. Todos debemos colaborar en su éxito, que tendrá enormes consecuencias regionales en el medio y largo plazo. Curioso pronunciamiento de parte de quien ha hecho bien poco en su favor. Más aún, de quien ha jugado con la posibilidad de un desastre en Iraq para desgastar el liderazgo norteamericano, en sintonía con la posición francesa.
 
7. La gravedad del caso iraní, como ejemplo de proliferación. Es necesario que Irán abandone sus programas nucleares y que cumpla lo establecido en el Tratado de No Proliferación. Pide a Estados Unidos que se sume a la iniciativa diplomática europea, para darle más consistencia. Reconoce el derecho iraní a que se respeten sus “legítimos intereses de seguridad” y demanda la creación de estructuras de seguridad regionales. Sin embargo, seguimos sin saber cuáles son los “legítimos intereses de seguridad” de una dictadura que ha violado el Tratado de No Proliferación Nuclear y que ostenta el dudoso honor de ser el estado con mayor responsabilidad en la financiación y promoción de acciones terroristas. Tampoco nos queda claro cómo se puede convencer a Irán de que abandone el camino iniciado, si los dirigentes europeos no paran de repetir que hay que prescindir del uso de la fuerza ¿Creen sinceramente que con esta renuncia van a lograr un giro de la estrategia persa? El exhibicionismo europeo, su disposición a mostrar su debilidad, sólo genera desprecio en Teherán y refuerza su política de seguir utilizándolos frente a Estados Unidos.
 
El canciller alemán es un personaje demasiado conocido como para tomar en serio sus palabras. Es un táctico que se mueve en el corto plazo y que carece de principios más allá de lograr una nueva victoria electoral. Su intervención refleja que se ha enterado de que Bush ha ganado las elecciones; que ahora acepta buena parte de los principios de la estrategia norteamericana, después de haberla combatido ineficazmente; que ahora piensa que es necesario apoyar el proceso de transformación del Amplio Oriente Medio y la reconstrucción de Irak; que aparentemente vuelve al redil del atlantismo y que considera necesario refundar una relación de cuya mala salud es responsable... Muchas rectificaciones en la antesala de la visita de Bush y con el trasfondo de la lucha alemana por lograr un puesto permanente en el Consejo de Seguridad.
 
Creer a Schroeder sería un acto imperdonable, pero el texto está ahí.
 
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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