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Esperando a Bush

Si algo está claro es que Bush no va a rendir los poderes de la presidencia, que es quien gobierna, no el congreso. El poder de éste reside en su capacidad de negarle los recursos que el nuevo plan requiere.

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Posiblemente el miércoles 10 se despejará la incógnita. Bush pronunciará su discurso y sabremos cual es su receta definitiva para Irak. La posición final... si le dejan. Las filtraciones han sido tan numerosas, tanto por parte de anónimos funcionarios a favor como en contra, que se sería una sorpresa que hubiera sorpresas.

Si no las hay, estamos hablando de echar a la palestra otros 20.000 militares más, cinco brigadas, a una por mes, de manera que el despliegue no estaría completo hasta mayo. Por su lado los iraquíes pondrían tres, o eso se dice que ha prometido Maliki, el jefe de gobierno. Pero esto es ya más peliagudo, porque dos de ellas resultan supuestamente ser kurdas y es difícil imaginares a los kurdos desguarneciendo su territorio para interponerse entre árabes suníes y chiíes decididos a matarse entre sí.

Por otro lado, para que la confusión no decaiga, las noticias más recientes nos hablan de que Maliki acaba de comprometer 20.000 soldados al área de Bagdad y no cejará hasta acabar con la insurgencia. Como primer acto de la nueva operación el sábado 6 mataron a 30 en un tiroteo con militantes suníes, a corta distancia de la amurallada Zona Verde. El gobierno anuncia que cuenta con el apoyo norteamericano tanto aéreo como de tropas. El embajador Khalilzad y el general Cassey lo confirman pero con reservas. Para los chiíes que están al frente del país, no hay enemigos a combatir más que entre los de la secta de enfrente. Maliki sólo parece interesado en adquirir cuanto antes el control pleno de sus fuerzas y disponer de los estadounidenses como fieles auxiliares. Su convicción de que ahora va a triunfar donde fracasó el esfuerzo común de la coalición y las tropas locales a lo largo de la segunda mitad del 2006 no puede basarse más que en la idea de que la victoria reside en actuar sin las restricciones morales que maniatan a los norteamericanos. Esa nueva confianza es un importante factor a tener en cuenta. Por ese lado se entrevén numerosos problemas.

En Washington la postura del presidente es un verdadero desafío a la nueva mayoría demócrata que controla ambas cámaras. Sus líderes le han escrito pidiéndole que renuncie a sus propósitos, cuando su voluntad, aunque todavía no desvelada, es ya sobradamente pública. Las espadas están en alto. Si algo está claro es que Bush no va a rendir los poderes de la presidencia, que es quien gobierna, no el congreso. El poder de éste reside en su capacidad de negarle los recursos que el nuevo plan requiere. ¿Se atreverán? Los demócratas viven en el temor de que puedan ser culpados del fracaso y, por tanto, de sus abismales consecuencias. Si ceden, serán políticamente derrotados y tendrán a toda su izquierda encima. Además, se asociarían a un posible fracaso o a un éxito del que obtendrían magros réditos políticos.

Pero para Bush los problemas no se agotan en la oposición. Su nueva estrategia, cualesquiera que sean sus detalles, es azarosa, como todo lo que se refiere a Irak, donde las opciones suelen ser entre lo muy malo y lo pésimo. Si se confirma que la cifra es 20.000 nos encontramos con que los diseñadores originales del plan, el profesor de Historia Militar Frederick Kagan y el general de cuatro estrellas retirado Jack Keane, dicen que menos de 30.000, nada. Cuando hace ya más de un año Kagan empezó a darle vuelta a la idea su primera cifra era 50.000. El problema ha sido siempre de dónde sacarlos. Si la clave está en el número, 100 mejor que 50 y 200 mejor que 100. Si la clave está en el número el problema no es tanto de estrategia como de medios. Después de la Guerra de Kuwait, en el 91, alguien dijo, posiblemente Cheney, el actual vicepresidente, entonces secretario de Defensa, que Estados Unidos no podría repetir la hazaña en el futuro. Los "dividendos" de la paz estaban encima. La paz no se refería al inestable Oriente Medio, sino a la recién terminada guerra fría. El ejército de tierra norteamericano pasó de 16 divisiones a 10. Poco antes tenía aún 18.

Aquella profecía parece estar cumpliéndose ahora. Pero no todos lo creen. No siempre se hace más con más. Las estrategias también cuentan. Ahora le toca mover pieza a Bush. El comentario no se acaba.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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