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Esperando a Godot

Al presidente de Gobierno español le sucede lo que a algunos cineastas, que no paran de criticar y condenar el cine americano, pero que se mueren por que les otorguen un Oscar

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Al presidente de Gobierno español le sucede lo que a algunos cineastas, que no paran de criticar y condenar el cine americano, pero que se mueren por que les otorguen un Oscar. El Gobierno esperaba y confiaba que con unos cuantos gestos menores y en secreto, la administración de Bush le perdonaría sus pecados, y eso se traduciría en una visita de alto nivel a España. Si Condoleeza Rice hubiera caído en sus trampas y hubiera aceptado asistir a la cumbre de Barcelona que se abre la semana que viene, tiempo les habría faltado a los socialistas para sacarse la foto y restregársela al país y, muy especialmente, a los amigos de Estados Unidos que pagaron muy caro electoralmente esa amistad.
 
Pero Condi es más lista de lo que parece y no va a venir a hacerse ninguna foto con ZP, el de las tropas de Irak, el del llamamiento a la deserción internacional, el que dice que Bush es un asesino, el que busca amigos en las antípodas políticas de una democracia liberal. Es más, sabe perfectamente ella que toda la orientación exterior de España va en contra de la política norteamericana, en Iberoamérica, donde sólo les falta a ZP y a Bono salir cantando junto a Chávez, y en Oriente Medio, donde la supuesta Alianza de Civilizaciones fue concebida y es instrumentada para minar la iniciativa de George Bush sobre el cambio en el Gran Oriente Medio.
 
Las relaciones de España con América en la era Zapatero acaban de ser definidas por nuestro embajador en Washington y ex ministro de González, Carlos Westendorp, como equilibradas y positivas. Pero la Secretaria de Estado no acude a la llamada de ZP y se limita a enviar de gira a un director general para Europa. Las malas lenguas dicen que en actos oficiales el embajador en Washington es colocado en mesas distantes de las presidenciales, que es relegado, vamos. Puede que se deba al azar, pero podría explicar el señor Embajador con quién se ve en la administración norteamericana. De su grado de interlocución podríamos deducir cuanta entrada tiene, qué caso se le hace y a qué nivel está, respecto al resto de nuestros vecinos y aliados y, sobre todo, respecto a la etapa del anterior Gobierno, el del presidente Aznar.
 
El Gobierno quiere hacernos ver que todo va bien con América y se lanza a todo tipo de declaraciones y actividades. Pero es tan ridículo como organizar un encuentro sobre relaciones transatlánticas donde no participa ningún americano. Ese es su verdadero concepto de lo que deben ser unas excelentes relaciones.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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