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Estados Unidos e Irak

Los demócratas han ganado con Irak pero no saben muy bien qué hacer con él, excepto que deben maniobrar para verse públicamente libres de todas las culpas de lo que hagan o dejen de hacer.

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No Irak sino la corrupción ha sido el principal motivo de los republicanos que castigaron a su partido absteniéndose o votando a los rivales. Y más aún que la corrupción las infidelidades de Bush y de los congresistas respecto a los principios conservadores.

Pero Irak viene inmediatamente después y es un factor de profundo descontento para norteamericanos de todas las orientaciones. La Casa Blanca es acusada de incompetencia en la conducción de la guerra más que de manipular el tema de las Armas de Destrucción Masiva en los orígenes de la misma, lo cual es una alegación específicamente demócrata. A la vista de los resultados los más piensan que no deberían haberse embarcado en esa aventura.

Los demócratas y sus medios de comunicación, que son los clásicos y más importantes del país, han estado fomentando y nutriendo implacablemente ese descontento durante tres años, silenciando todos los éxitos y volcando negativismo a raudales, como igualmente lo ha hecho la prensa europea. Para el partido de la oposición en Washington era el medio más seguro para recuperar una mayoría y están que no caben en sí de gozo. Pero de lo que nunca han sido capaces es de ofrecer una alternativa coherente. Cualquier intento produce fuertes tensiones en el partido. Su núcleo duro izquierdista quiere la retirada pura y simple cuanto antes pero nadie que tenga aspiraciones presidenciales se atreve no ya a llegar tan lejos, sino a ni tan siquiera admitir la posibilidad de una derrota mitigada. Porque el pueblo que acusa a Bush de chapucero e incompetente no acepta perder una nueva guerra y más o menos está de acuerdo con quienes dicen que el abandono puede tener consecuencias peores que nada de lo que hasta ahora hemos visto.

El liderazgo demócrata, por venenosa y cínica que haya sido su explotación de los problemas en Irak, a los que obviamente su actitud ha contribuido, no quiere asumir la responsabilidad de una derrota. Pero tampoco pueden quedarse de brazos cruzados y eludir el tema, como consiguieron hacer durante la campaña electoral con las cuestiones morales que ponen de manifiesto su radicalismo. Han dicho desde el primer momento que van a gobernar, afirmación sorprendente porque no lo que han conquistado no es el poder ejecutivo. Pueden intentar imponer leyes que el presidente se vea obligado a vetar. Y tienen los cordones de la bolsa, con lo que pueden ser bastante efectivos impidiendo gobernar a quien tiene que hacerlo. Así precipitaron la derrota en Vietnam, negando los necesarios presupuestos para la continuación de la guerra.

Por esas contradicciones no hablan de retirada sino que utilizan continuamente el vergonzante eufemismo de redespliegue. Las tropas pueden cambiar su despliegue en Irak pero no es eso a lo que se refieren, sino a "desplegar" los efectivos fuera, quién sabe si al vecino Kuwait o a la lejana Okinawa, pero, en general, ni siquiera hablan abiertamente de hacerlas retornar a casa. Retirada gradual, retirada que fuerce al gobierno iraquí a asumir su propia seguridad. Pero ¿cómo de gradual? ¿Y si las estructuras políticas iraquíes comienzan a desmoronarse con el inicio de ese "redespliegue" hacia fuera? El gran debate interno en este momento es si el "redespliegue" ha de realizarse en etapas con fecha determinada de antemano o sin plazos fijos. Lo segundo sería muy poco diferente de lo que Bush siempre ha querido hacer pero nunca ha encontrado el momento de empezar a llevar a cabo.

Los demócratas han ganado con Irak pero no saben muy bien qué hacer con él, excepto que deben maniobrar para verse públicamente libres de todas las culpas de lo que hagan o dejen de hacer, tratando de seguir salpicando de fango lo más posible al presidente y su partido.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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