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En contra del clamor popular y de las presiones mediáticas, José María Aznar se negó a entregar los papeles del CESID alegando que el Gobierno no debía disparar contra el Ejecutivo anterior. Y menos aun contra la oposición.

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En El País, González (Miguel, no Felipe por esta vez) lleva dos días insistiendo en una historia que no es nueva y que ya intentó explotar en su momento: la de la supuesta connivencia del Gobierno de José María Aznar con los vuelos de la CIA en y sobre España. Todo el mundo se rasga la vestiduras ante tamaña atrocidad contra los derechos humanos –de ser verdad–, pero nadie se escandaliza por el cómo se ha obtenido la información. A saber, mediante una filtración desde Exteriores de un documento clasificado como secreto, algo que ya viene siendo habitual desde que el propio Moratinos empezara a denunciar a Aznar por su complicidad en el golpe de Estado contra Chávez durante un programa de televisión en directo.

Ya se hizo en su día con la transcripción de la conversación en el rancho de Crawford entre Bush y Aznar, semanas antes de la invasión de Irak. Pero como con aquello sólo se reforzaba la imagen de un presidente español prudente y moderado, pasó con más pena que gloria para el autor de la filtración. Ahora se recurre a la fotocopia de una nota de un director general de Exteriores y otra del secretario general de Política de Defensa. Ambas custodiadas, se supone, en el ministerio de Moratinos.

Moratinos, ese ministro que instó toda una investigación interna exhaustiva, con castigos profesionales incluidos, cuando supo que la carta de uno de sus colaboradores –a la sazón embajador en Londres, donde se espiaba a Aznar– había llegado a manos de la prensa española, pero que ahora no muestra igual celo porque los perjudicados son su antecesora en el cargo y el propio Aznar.

Cuando el PP llegó al poder en 1996, uno de los asuntos más candentes era la fuga de papeles del entonces CESID a manos del coronel Perote; esos documentos afectaban a la seguridad del Estado en lo referente a lo que se sabía o no sobre la guerra sucia del GAL. En contra del clamor popular y de las presiones mediáticas, José María Aznar se negó a entregar aquellos papeles alegando que el Gobierno no debía disparar contra el Ejecutivo anterior. Y menos aun contra la oposición. La teoría de la necesidad de "pasar página", sin embargo, no ha sido del agradado del Partido Socialista, que no la ha respetado ni un sólo momento desde su golpe de gracia el 14-M.

Para nuestra desgracia, un país que no sabe guardar sus secretos y que trapichea con ellos a gusto del Gobierno de turno, nunca será tomado en serio por sus socios y sus aliados como una nación seria. Querrán desprestigiar a Aznar –de cuyo fantasma este Gobierno ni sabe ni quiere desprenderse– pero tendrían que estar más atentos a lo que piensa de toda esta operación su nuevo Mesías, el presidente Barack Obama. Una cosa es que desee cerrar Guantánamo y otra completamente distinta que airee las operaciones de sus funcionarios, sean de la CIA o de los militares. Ya podemos avanzar una razón más por las que no vendrá de visita.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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