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Fin de ETA

Estratégicamente, desde hace unos años, lo que ha quedado demostrado es que la simple acción policial puede reducir a ETA a la nada.

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A grandes rasgos, hay tres formas de enfrentarse al terrorismo nacionalista vasco. El primer modelo es la negociación en términos políticos con la banda terrorista. Se parte de la base de que es imposible vencer a la banda con métodos policiales, porque es expresión de un conflicto político, y hasta que no se aborden las causas de éste, el terrorismo no desaparecerá. Al fondo está la convicción de que la Constitución de 1978 y el ordenamiento democrático son imperfectos, porque no dieron solución a as exigencias de los terroristas y quienes les apoyan. Habría, pues, que negociar con ETA el tema de la independencia vasca y la anexión de Navarra.

El segundo modelo es la negociación con ETA de las condiciones necesarias para que la banda deje de matar. Se trata de ofrecer algo que la banda considere aceptable; en términos políticos, pero sobre todo legales, económicos, penitenciarios etc. Una modalidad de este tipo de negociación con los terroristas es la de la rendición: pactar con los terroristas las condiciones que el Estado debe cumplir para satisfacer las exigencias etarras para que éstos abandonen las armas y se reinserten. Evidentemente, este modelo parte de una premisa ideológica –cabe negociar con terroristas si con ello dejan de serlo–, y una premisa estratégica –es imposible acabar con el terrorismo si los terroristas no dan su visto bueno y abandonan el crimen.

El tercer modelo consiste en la negación de cualquier tipo de negociación con ETA, del tipo que sea. Parte de la consideración de que es bueno y deseable tratar a los etarras como a una banda de delincuentes a combatir desde la eficacia policial, el aislamiento social y la deslegitimación política, y de que esa es la única manera de hacer desaparecer el terrorismo.

Grosso modo, los tres modelos han sido puestos en práctica en España en los últimos decenios. El primero, la negociación política con la banda de aquello que ésta exige –básicamente, la autodeterminación y la anexión de Navarra– es la vía defendida por quienes comparten con ETA sus fines, los nacionalistas vascos y catalanes, que siempre han defendido que la mejor forma de acabar con el terrorismo era dar a la banda lo que pedía, que es lo mismo que piden ellos, tanto en el País Vasco como en Cataluña. Por eso el nacionalismo, desde Txillarde hasta Lizarra o Perpignan, siempre ha tenido abierta una vía de colaboración con la banda. También la discusión política con ETA fue entablada por Zapatero con ocasión de la tregua etarra de 2006, aunque las negociaciones sobre Navarra y la ruptura estatutaria estaban maduras antes. Las actas de Loyola confirman esta tendencia de Zapatero a aceptar la discusión política con ETA.

La negociación sobre las "condiciones" necesarias para que ETA deje de matar se llevó a cabo con ETA (pm), los polimilis a principios de los años ochenta. Estas condiciones se trataron en los contactos de Felipe González con la banda en Argel: cómo estructurar una mesa de negociación, con qué garantías, de qué manera. En este caso, gobierno y terroristas jugaron al gato y al ratón, tratando de averiguar hasta dónde se podría llegar. La negociación de las "dos mesas" va también por aquí: mientras se negocia políticamente con el brazo político, se afrontan con los dirigentes privilegios penitenciarios o libertades futuras.

La posibilidad de la extinción por inanición de ETA fue la que se abrió aproximadamente en el año 2000, cuando las medidas puestas en marcha por Aznar desde cuatro años antes comenzaron a funcionar. Por primera vez en la historia se abría la posibilidad de una derrota total de ETA, que ni siquiera exigiera sentarse a negociar con ETA su rendición o la entrega de las armas. Sólo con la fortaleza del Estado de Derecho (FCSE y Justicia) y de la sociedad, el acoso a las estructuras de ETA acabaría con la banda.

Desde luego hay razones morales para no entablar trato alguno con los terroristas: desde luego son las principales. Pero estratégicamente, desde hace unos años, lo que ha quedado demostrado es que la simple acción policial puede reducir a ETA a la nada. No es que hoy en día no sea necesario hablar de política con ETA: es que no es necesario ni siquiera hablar con la banda. De nada: la acción policial y judicial la extinguirá, como una cerilla. Zapatero no lo sabe, desde luego, como pocos lo saben en el PSOE. Pero, ¿lo saben todos en el PP?

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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