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Formando al ejército afgano

Entre los afganos falta capacidad de liderazgo y equipamiento, hay dificultades para construir bases permanentes y existe una enorme diferencia cultural con los instructores, que en su mayoría no hablan ni darsi ni pastún.

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A la mayoría de los países involucrados en Afganistán les gusta la idea de formar a las fuerzas afganas. Parece que enviar instructores militares es aceptable siempre y cuando se deje de combatir. Ocurrió tras la caída del Ejecutivo holandés por las diferencias de los partidos del Gobierno sobre la permanencia o no de las tropas holandesas en Afganistán, cuya retirada estaba pactada para finales de 2010. El secretario general de la OTAN pidió a este Gobierno contribuir al menos con una nueva y pequeña misión enfocada a la formación de las fuerzas afganas hasta el 1 de agosto de 2011. La propuesta fue rechazada.

También España ve con mejores ojos, sobre todo de cara a la opinión pública, a los instructores militares que a las tropas de combate, mal vistas por el ejecutivo pacifista/socialista de Zapatero y Chacón. Recientemente, el Parlamento ha aprobado el envío de 511 efectivos adicionales que se centrarán en las labores de formación, capacitación y adiestramiento del Ejército nacional afgano.

¿En qué consiste tal adiestramiento? Desde luego no se trata de un grupo de jóvenes y entusiastas afganos que ilusionados acuden a clase para aprender a luchar y a respetar los derechos humanos, o en el caso de los policías a patrullar por los barrios de Kabul. Se trata de uno de los oficios más peligrosos que hay ahora mismo en Afganistán. Significa enseñar a luchar... en operaciones de combate en tiempo real. Por eso es peligroso. Lo que significa que aquellos que piensan que enviando instructores militares se librarán de mandar tropas de combate están muy equivocados. Los instructores también necesitan protección.

Está previsto ampliar el ejército afgano a 134.000 hombres para octubre de 2010 y a 171.600 hacia octubre de 2011. Sin embargo, la OTAN sigue sin conseguir el mínimo necesario de instructores militares para desarrollar su estrategia de transferir de forma progresiva la responsabilidad a las autoridades de Kabul. Además, entre los afganos falta capacidad de liderazgo y equipamiento, hay dificultades para construir bases permanentes y existe una enorme diferencia cultural con los instructores, que en su mayoría no hablan ni darsi ni pastún. Asimismo existen importantes tasas de abandono y un masivo analfabetismo entre los soldados afganos, lo que dificulta la utilización de manuales o el uso de armas sofisticadas.

Pero sobre todo se trata de una tarea peligrosa. Sin embargo, y según ha afirmado un militar británico sobre la necesidad de nuevos instructores "se les puede colocar en lugares seguros, sin riesgo para su integridad". O sea, que en cuanto a instrucción también hay diferencias. Los habrá que combatan en tiempo real con la fuerzas afganas, y los que se limitarán a las clases teóricas. Así que adivinen: ¿a qué modalidad pertenecen los instructores militares españoles que Carmen Chacón envía a Afganistán?

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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