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Fructíferos horizontes para el yihadismo

Cuatro noticias que aparentemente poco tienen en común son, en realidad, refuerzos a la hipótesis del imparable avance del yihadismo en distintos escenarios del mundo mediterráneo y árabo-musulmán.

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Cuatro noticias que aparentemente poco tienen en común son, en realidad, refuerzos a la hipótesis del imparable avance del yihadismo en distintos escenarios del mundo mediterráneo y árabo-musulmán. La eliminación de parte de la cúpula del Ministerio de Defensa en Damasco, por medio de lo que parece un atentado suicida; el asesinato de ocho turistas israelíes en el aeropuerto de la localidad estival búlgara de Burga, a orillas del Mar Negro, y con el mismo método; la confirmación del fallecimiento en combate de un segundo combatiente español, un ceutí, en su lucha contra el régimen sirio; y, finalmente, la liberación de los tres rehenes, dos españoles y una italiana, capturados por yihadistas en octubre de 2011 en Rabuni, junto a Tinduf. Son cuatro noticias producidas el mismo día, el 18 de julio, que confirman tendencias.

Incluso si los dos atentados citados, el de Damasco y el de Burga, no han sido cometidos por yihadistas –y lo han sido por el Ejército Libre Sirio (ELS) y por agentes iraníes, respectivamente– ambos sirven plenamente a dos de los fines más sagrados de los yihadistas, a saber: debilitar con fuerza al régimen apóstata de Bashar El Assad y atacar a los judíos donde se pueda y cuando se pueda. Sirven ambos además para mostrar la debilidad del enemigo y para animar a los "muyahidin", a los combatientes sagrados del Islam, a hacer lo mismo y, a ser posible, a superarlo.

En cuanto a la muerte del segundo ceutí transformado en "shahid" (mártir) en Siria, Mustafá Mohamed Layachi, puede servir, como nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado temen, y con razón, de estímulo también para otros musulmanes radicalizados, españoles y no españoles, que se vean impulsados a seguir su "generoso ejemplo de entrega". Agravante es además que la muerte de este ceutí, como la de su compañero cuyo fallecimiento también en combate se conoció el pasado 1 de junio, haga saltar a la palestra a las Ciudades Autónomas españolas como plataforma del Yihad guerrero. Recordemos además, de nuevo, la perniciosa comunicación fluida de carácter transfronterizo que existe entre ambas y el convulso y radicalizado norte marroquí. También se sabe de muertos marroquíes, originarios de Castillejos, en idéntico campo de batalla cada vez más activo y, a juzgar por el susodicho atentado de Damasco, exitoso.

Finalmente, la liberación de los tres cooperantes capturados el pasado 23 de octubre en el acceso a los campos de refugiados saharauis es una buena noticia en términos humanitarios, pero mala en términos de lucha antiterrorista. No han sido liberados –ni ellos ni los tres diplomáticos argelinos liberados también por el Movimiento para la Unicidad del Islam y el Yihad en el África Occidental (MUYAO) la semana pasada– por fuerzas de operaciones especiales, sino de forma pacífica, es decir, negociada. Cuánto dinero y cuántos presos yihadistas excarcelados se han pagado por ellos probablemente nunca lo sabremos. Pero, en cualquier caso es, una vez más, un triunfo claro de los terroristas.

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