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Garmendia, la ministra-desilusión

Los que hablaban de Garmendia como una ministra seria alejada del sectarismo del PSOE, ahora comprueban como su obediencia política y la sumisión a las siglas de su partido se imponen a la razón, al pragmatismo y a la ciencia.

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Para mucho ha dado la cuota de ministras de este Gobierno. Desde las comparecencias valleinclanescas de Magdalena Álvarez a la torpeza diplomática de Carmen Chacón, pasando por el furor sintáctico de Bibiana Aído. Todas ellas destacan por su limitación profesional y su sectarismo político. Hasta hoy una de las pocas que escapaba a ello era Cristina Garmendia, titular de la cartera de Ciencia e Innovación. Pero tras sus recientes palabras en el Club Siglo XXI, justificó su inclusión en el selecto club del calamitoso Gobierno. La ministra que parecía que escapaba al perfil encumbrado por ZP ha pasado a convertirse en la ministra-desilusión.

Afirma la ministra que la energía nuclear "no es recomendable para España" porque "hoy por hoy no está resuelto el tema de los residuos nucleares" y que, además, "no conviene abrir el debate nuclear" porque "se va a perder". La ministra acertó parcialmente cuando dijo que "la energía nuclear, si bien en términos de coste es barata, tiene un gran problema que no está resuelto, que es el problema de los residuos nucleares, a lo que la ciencia no ha planteado todavía una solución".

En primer lugar hay que recordar a la ministra qué es una democracia; un sistema donde cualquier debate es planteable si no viola los principios sobre los que dicha democracia se sustenta. La censura preventiva, para este o para cualquier otro tema, refleja en buena medida el concepto que tienen los socialistas de ZP de la sociedad y de ellos mismos viéndose como los que llevan las riendas de un burro. Afortunadamente, el debate se va a abrir, lo quiera o no la ministra. Cosa bien distinta será si tendrá el correspondiente eco político ya que, en este tema y como en tantos otros tabús, el actual Gobierno cuenta con la connivencia irresponsable de la oposición.

El argumento de la ministra es simplemente comparable a aquel de Zapatero cuando afirmó que en España no se podían construir centrales nucleares por la escasez de agua, y es comparable al caos teórico de Álvarez, Chacón o Aído. Para empezar, Garmendia debiera saber que cualquier tecnología de generación eléctrica –cualquiera– genera residuos y tiene un impacto sobre la naturaleza. Desde el carbón hasta el silicio de las placas solares, todas generan residuos. Los de la generación nuclear son efectivamente muy peligrosos pero son muy limitados, están perfectamente localizados y pueden ser tratados, controlados y aislados.

En segundo lugar, al contrario de lo que dice Garmendia, la energía nuclear es mucho más segura respecto a sus residuos que las otras alternativas de generación. En la energía nuclear el problema de los residuos sí está resuelto: consiste aislarlos y reciclarlos, como se viene haciendo en todos los países de nuestro entorno. Son las otras tecnologías las que ocasionan un problema, pues en su caso la solución para los residuos consiste en emitirlos a la atmósfera.

Es necesario que alguien le explique urgentemente a Garmendia que al contrario que en otros campos, los residuos del sector nuclear –que incluye la fabricación de isótopos para uso médico– son susceptibles de un perfecto control y que los avances en técnicas de transmutación han hecho posible que existan unas crecientes posibilidades de reutilización, hace unos años impensables. Podemos ser optimistas en lo que concierne a dichos residuos que en el peor de los casos pueden ser aislados y controlados en un espacio relativamente pequeño.

Lo que debe hacer Garmendia, ya ministra-desilusión, es ser coherente. Si no le gusta la energía nuclear, que explique la alternativa y reconozca explícita y públicamente que ella y su Gobierno prefieren que se continúe emitiendo CO2 a la atmósfera. La ministra debería explicar que prefiere tener energía cara a energía barata aunque ello conlleve menos competitividad, más paro y menos bienestar para los españoles.

Pero su incoherencia no acaba aquí. Garmendía afirmó certeramente que la energía nuclear es la más económica, que es perfectamente segura y que de todas formas, si ocurre algo en Francia, nos afectaría. Aquí el caos aumenta. ¿Son los franceses tontos? ¿Acaso no tienen a alguien tan inteligente e informado como los ministros del PSOE para que les expliquen esto? Si la energía nuclear es tan peligrosa como Garmendia nos quiere hacer creer, ¿por qué en Francia, con 10 veces más centrales que en España, no pasa nada y siguen sin tener ningún tipo de problema? Respuesta: porque sus gobernantes, en este tema, han dejado de lado la demagogia a la que antes parecía que Garmendia escapaba, pero que ahora sabemos que no.

Es triste que la ministra de Ciencia e Innovación –justo aquella que se debería preocupar de que la competitividad tecnológica española se incrementara– sea la que cierre las puertas a la energía con mayor proyección actual. Es aún más triste que esto lo haga no por ignorancia, puesto que ella sí conoce la competitividad de la alternativa nuclear, sino por sumisión a los dogmas ideológicos de ZP. Los que hablaban de Garmendia como una ministra seria alejada del sectarismo del PSOE, ahora comprueban como su obediencia política y la sumisión a las siglas de su partido se imponen a la razón, al pragmatismo y a la ciencia. Una lástima de ministra.

Como defiende ahora Felipe González, otrora compañero de partido, la energía nuclear sí es recomendable. Mucho más que alguna ministra antes recomendable y cada vez mas desilusionante.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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